Esta película supuso el reencuentro del actor con su tierra. Está basada en la novela de Antonio Soler. Dio a conocer a una generación de nuevas estrellas del cine español, entre ellos Mario Casas.
El cine Albéniz de Málaga ha acogido la proyección y un coloquio sobre ‘El Camino de los Ingleses’, la película dirigida por Antonio Banderas, que cumple 20 años de su estreno. Está basada en la novela de Antonio Soler, galardonada con el Premio Nadal y reeditada de nuevo. La cinta narra el fin de la adolescencia de un grupo de amigos en la Málaga de 1978 y supuso el reencuentro del actor con su tierra. "Tiene una narrativa muy propia, muy personal. Es una película de donde surgieron un gran número de estrellas del cine español que entonces nadie conocía. Mario Casas tenía 17 años", recordaba Antonio Banderas durante el acto, al que también asistieron el escritor Antonio Soler y algunos intérpretes del filme, además del alcalde de Málaga, Francisco de la Torre. El acto estuvo conducido por el director del Festival de Málaga, Juan Antonio Vigar.
La película, producción hispano-británica de Sogecine, Green Moon y Future Films, retrató con sensibilidad y autenticidad los sueños juveniles, el despertar al amor y la irrupción de la madurez en la Málaga de finales de los años setenta. Para ello, contó con un reparto con jóvenes intérpretes formado por Alberto Amarilla, María Ruiz, Félix Gómez, Raúl Arévalo, Fran Perea, Marta Nieto, Mario Casas, Antonio Garrido, Victoria Abril y Juan Diego.
'El camino de los ingleses' está ambientada en Málaga en 1978 y narra el fin de la adolescencia, ese momento en que la inocencia, los sueños y los ideales quedan atrás para aprender a sobrevivir en el mundo áspero, oscuro y vertiginoso de los adultos.
El único refugio, entonces, son los amigos, cuya historia el narrador recupera durante el último verano que compartieron. Pero no fue un verano cualquiera, sino uno decisivo en el cual "estuvo el germen, la verdadera esencia de nuestras vidas". Porque tras ese verano cada uno de los amigos emprende, inevitablemente, su propio camino: unos se van a estudiar a otra ciudad; otros inician un trabajo precario empujados por las estrecheces de sus familias; otros, rebeldes, buscan romper con lo que de ellos se espera o se internan en la delincuencia.