dos meses del accidente de adamuz
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Charo, madre de una víctima del Alvia, pide responsabilidades: "Al fin y al cabo, el que tiene cargo, tiene carga".

Su hijo, Mario Jara, volvía a Huelva de hacer el examen para funcionario de prisiones y halló la muerte en el Alvia.

Su madre pide un poco de empatía al presidente del Gobierno y el Ministro: "Una carta, un 'lo siento mucho'... algo".

CANAL SUR MEDIA 21 marzo 2026

Las víctimas del accidente de Adamuz han salido a la calle para reclamar justicia. Ha ocurrido este viernes en la capital. Entre ellas, Charo Morillo, madre de Mario Jara, que falleció en el Alvia en el que venía de hacer un examen de oposiciones. Ella ha querido alzar la voz con un mensaje cargado de emoción, indignación y memoria.

“Yo a esta gente, presidente, lo único que le diría desde el corazón… que esta noche cuando vayan a darle un beso a sus hijos, recuerden que hay madres que no se lo pueden dar”, expresa con la voz quebrada. Su testimonio no solo apunta al dolor personal, sino también a la responsabilidad de quienes ostentan cargos públicos: “Al fin y al cabo, el que tiene cargo, tiene carga”.

Mario debía haber cumplido 41 años el mismo día en que perdió la vida en aquel tren Alvia. Su madre lo esperaba con una tarta de cumpleaños, sin imaginar que horas después recibiría la peor noticia. “El día 20 a las nueve de la noche nos dicen que Mario había fallecido. Yo no tenía ni seguro… ¿cómo iba a pensar que mi hijo se iba a morir en un tren? Era el método más seguro de viaje”.

Dos meses después del fallecimiento, Charo trata de seguir adelante, aunque reconoce que la vida ya no es la misma. “Es difícil asimilarlo… ya no se vive, se sobrevive”, explica, reflejando una realidad compartida por muchas familias que perdieron a sus seres queridos.

Mario, cordobés de nacimiento y onubense de corazón, regresaba a Huelva tras examinarse en Madrid para ser funcionario de prisiones. Un futuro que nunca llegó a materializarse.

Más allá del consuelo o de explicaciones, Charo insiste en la necesidad de humanidad por parte de las instituciones: “Una carta, un ‘lo siento mucho’… algo”. Pero su mensaje final es aún más íntimo y desgarrador: “Que aprovechen, que les den besitos a sus hijos… porque yo ya no se los puedo dar”.

Su testimonio vuelve a poner rostro al impacto humano de la tragedia, recordando que, detrás de cada cifra, hay historias que siguen reclamando memoria, justicia y empatía.

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