En "Despierta Andalucía" hablamos con Paqui Gómez, la madre de Miguel Ángel González, uno de los agentes que resultaron muertos en aquella ocasión, cuando una narcolancha embistió la embarcación donde se encontraban los agentes.
Las familias de los guardias civiles llevan mucho tiempo denunciando la falta de seguridad con la que trabajan sus hijos, maridos o, hermanos. Saben lo que arriesgan y en ocasiones ese riesgo cuesta muy caro. La muerte de dos guardias durante una persecución a narcotraficantes frente a las costas de Huelva ha revivido el dolor de los familiares de los otros dos agentes que murieron en Barbate (Cádiz) en febrero de 2024.
En "Despierta Andalucía" hablamos con Paqui Gómez, la madre de Miguel Ángel González, uno de los agentes que resultaron muertos en aquella ocasión, cuando una narcolancha embistió la embarcación donde se encontraban los agentes, en el puerto barbateño.
"Desde que me enteré de la noticia estoy peor... al remover todo esto y pensar en estas familias que están pasando por lo mismo que estoy pasando yo", confiesa. "Les doy mis condolencias, porque sé por lo que están pasando", aunque por su experiencia está convencida de que "no hay palabras de consuelo".
Acerca de en qué momento se encuentra la causa judicial abierta por los asesinatos de Miguel Ángel y de David, el otro agente fallecido en Barbate, Paqui Gómez explica que en julio habrá una nueva reunión entre la Fiscalía y los abogados de las víctimas para tratar de alcanzar un acuerdo. Y cree que "juicio no va a haber, seguramente", algo que "yo agradezco", añade.
"Yo por mi hijo ya no puedo hacer nada, nada más que darle yo la voz a él", nos dice, "por lo menos que no vuelva a ocurrir". Y recuerda que su hijo, que llevaba dos meses destinado en Algeciras, no le contaba apenas nada de los riesgos que corría para no preocuparla.
Y respecto a la lucha contra el narcotráfico, pide "que el gobierno se ponga las pilas, que ponga los medios materiales y que ponga los medios jurídicos para que la policía se pueda defender".