Murieron 46 personas tras el choque entre un tren Iryo y un Alvia. Más de 120 fueron hospitalizadas. Las familias de las víctimas exigen la verdad mientras la investigación apunta a un fallo en las vías.
Se cumplen dos meses del accidente ferroviario en Adamuz. El 18 de enero murieron 46 personas tras el choque entre un tren Iryo , que previamente había descarrilado, y un Alvia. Más de 120 fueron hospitalizadas, todavía hay 3 ingresadas.
Las familias de las víctimas exigen la verdad mientras la investigación apunta a un fallo en las vías que gestiona Adif. La investigación avanza aunque aún no está clara la causa del descarrilamiento.
Para muchas familias el calendario no avanza. Los supervivientes aseguran que sus vidas han cambiado y necesitan atención psicológica. Es lo que contaba Carmelo Durán, padre de un joven onubense de 20 años que aún tiene fracturas en su cuerpo y que sufre ataques de pánico y pesadillas. "Las noches son un infierno" ha declarado a Canal Sur.
Las cajas negras de los dos trenes accidentados revelan que entre el primer síntoma de descarrilamiento del tren Iryo y la colisión con el tren Alvia pasaron sólo quince segundos, según informó la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF).
La investigación recoge que a las 19:43:29 se produce una desconexión eléctrica del motor del tren, "la primera anomalía que se detecta como síntoma del descarrilamiento", mientras que quince segundos más tarde (a las 19:43:44 horas) la caja negra del Alvia "deja de almacenar datos".
Ese momento, por tanto, "corresponde presumiblemente al momento de la colisión entre ambos trenes", según el primer análisis de las cajas negras, que revela que el descarrilamiento provocó una frenada de emergencia en el Alvia de manera automática a través del sistema de seguridad LZB.
Según la CIAF, la desconexión estaría relacionada presumiblemente "con perturbaciones de la tensión o falta de contacto del pantógrafo con la catenaria", y es la primera anomalía que se detecta como síntoma del descarrilamiento.
Esta desconexión, que la investigación detalla que se produjo a través de la apertura del disyuntor, se produjo cuando el tren Iryo iba a 205 km/h.
Ahora, la comisión de investigación destaca que se podrán obtener más datos con el análisis del registro de eventos del telemando, que ha sido solicitado al gestor ferroviario, ADIF.
Cuatro segundos después de ese primer descarrilamiento, el Iryo ocupaba el circuito de vía 645, que incluía la aguja A645, pero se registró en ese momento una alarma de temperatura en cajas de grasa del coche 8, "presumiblemente por ir ya descarrilado".
"Esta alarma provoca la activación del freno del tren, y el tren está frenando", recoge la CIAF, que asegura que a las 19:43:37, ocho segundos después del descarrilamiento, la aguja A645 queda sin comprobación.
Ante esa situación, el sistema LZB (un sistema de seguridad ferroviario) provoca una frenada de emergencia en el tren Alvia, que en ese momento circulaba a 216 km/h, lo que origina que, cuando presumiblemente impacta con los últimos vagones del Iryo, ya hubiera disminuido a 204 km/h.
Los datos de las cajas negras, así como las imágenes del circuito interno del tren Iryo, se extrajeron el día 5 de marzo en presencia del Letrado de la Administración de Justicia, y con la participación de agentes de la UCO, investigadores de la CIAF, y personal de Iryo, Hitachi, Actren, Renfe Viajeros, Leonardo y Hasler Rail.
Este próximo viernes, 20 de marzo, las víctimas y sus familiares han convocado en Huelva una marcha y una concentración para reclamar que se investigue a fondo lo ocurrido, y se garantice la seguridad ferroviaria.