El ganado está confinado en fincas particulares donde son alimentados por sus propietarios, con el consiguiente coste.
La dirección del parque y los ganaderos se reunirán para buscar soluciones.
Andalucía Directo ha estado en la zona.
Tras los últimos temporales, los ganaderos de Almonte se vieron obligados a rescatar a sus animales de las marismas debido a la acumulación de agua. Desde entonces, yeguas y vacas marismeñas permanecen en fincas provisionales, donde deben ser alimentadas a diario mientras esperan poder regresar a su hábitat natural en Doñana, algo que aún no es posible porque la marisma sigue anegada. Andalucía Directo ha estado en la zona.
La situación se arrastra desde hace meses. Los ganaderos explican que ya el año pasado tuvieron que mantener al ganado fuera de su entorno habitual, alimentándolo durante largos periodos. Ahora, ese esfuerzo se ha prolongado, acumulando costes y desgaste. Denuncian que los animales no están acostumbrados a vivir en espacios cerrados y limitados, lo que les provoca estrés e incluso la muerte. Acostumbrados a moverse libremente por el Parque Nacional, ahora permanecen entre vallas, dependiendo completamente de la alimentación proporcionada por sus cuidadores.
El problema se agrava porque el nivel del agua en la marisma desciende muy lentamente, apenas un centímetro al día, según relatan. Esta situación genera incertidumbre sobre el futuro inmediato: no saben si podrán regresar pronto ni si el alimento natural estará disponible cuando lo hagan. Temen, además, que las autoridades les obliguen a retirar pronto el ganado de las fincas provisionales, sin que las condiciones en la marisma hayan mejorado lo suficiente.
Los ganaderos insisten en que no quieren llevar a los animales al matadero, sino mantenerlos unos días más hasta que el terreno esté en mejores condiciones. Subrayan que, si el agua descendiera con rapidez, el ganado ya estaría de vuelta en su entorno natural, donde convive con la fauna y desarrolla su vida sin estrés. Para ellos, ver morir a los animales o perderlos supone no solo un golpe económico, sino también emocional, ya que se trata de una actividad heredada de generaciones anteriores.
Advierten que, si estos animales se pierden, será muy difícil mantener la tradición ganadera en la zona. Lamentan que todo el esfuerzo de sus antepasados pueda desaparecer en poco tiempo, y destacan el valor cultural y natural de estas yeguas y vacas marismeñas, profundamente ligadas al entorno de Doñana.
Por su parte, la dirección del parque ha informado de que tanto esta misma tarde como la próxima semana se celebrarán reuniones con todas las partes implicadas —ganaderos, ayuntamientos y administraciones— para analizar la situación y decidir las actuaciones necesarias. Mientras tanto, el ganado continúa en fincas provisionales del entorno de la marisma, a la espera de una solución.