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Carlos Cano sigue despertando conciencias 25 años después de su muerte

Nos dejó en el año 2000 pero su legado es tan importante que inspira a nuevos músicos.

Fue coherente y fiel a sus ideas y, por eso, sigue siendo un referente. En 'Los Reporteros' analizamos su figura.

CANAL SUR MEDIA 15 febrero 2026

Como incuestionable es el legado que nos dejó Carlos Cano, quien habría cumplido hace solo unos días 80 años. Aunque nos dejó en el año 2.000, sus coplas forman parte de nuestra memoria y son también fuente de inspiración para los nuevos talentos musicales. En su música y, sobre todo, en sus letras encuentran a un artista andaluz coherente y fiel a un compromiso social que no tiene caducidad.

No habían nacido cuando murió y, sin embargo, lo sienten cercano. “Yo soy Liliana Megías…”, “yo soy Miguel Ángel Bonilla…”, “y nosotros somos Sosoritnem, una banda emergente de aquí de Granada”. Así se presentan dos jóvenes músicos que descubrieron a Carlos Cano mucho después de su desaparición física, pero no de su influencia.

“Yo creo que es muy atemporal. Tiene unas letras con las que te puedes sentir muy identificado a los 15, 20 o 45 años”, asegura Liliana. Miguel Ángel coincide: “Lo que más me fascina de él es su capacidad para sorprender con la parte musical”. No hace falta haber crecido al compás de sus coplas ni haber vivido la Transición para entender su mensaje. Basta con escucharlo.

UN ARTISTA NECESARIO

El cantante granadino, fallecido el 19 de diciembre de 2000, dejó una obra que atraviesa generaciones. Para Miguel Ríos, su figura fue “muy necesaria”. “Carlos Cano empezó a entrar en mi vida más que como una voz, como un nombre (…) y luego ya la voz, su voz personal e identificable”, recuerda. “Siempre le he tenido mucho cariño”.

Su biografía explica buena parte de su compromiso. El escritor Juan José Téllez, uno de sus biógrafos, sitúa el origen en su infancia: nieto de un republicano fusilado, criado entre coplas que su abuela cantaba en el barrio del Realejo. “Carlos se preguntaba años más tarde cómo la copla iba a ser franquista si la viuda del republicano fusilado se las cantaba cuando era niño”.

Empezó como poeta en el entorno de Poesía 70 y pronto convirtió la palabra en canción, influido por referentes como Paco Ibáñez. “Había referentes en la canción que lo hicieron a él referente de otra realidad, que era la andaluza”, apunta Miguel Ríos.

ANDALUCÍA COMO RAÍZ Y COMO HORIZONTE

Canciones como Verde, blanca y verde o El Salustiano lo convirtieron en cronista de su tiempo. “Carlos, efectivamente, era un periodista con guitarra”, resume Téllez. Para Ángel del Río, de la Asociación Memoria Carlos Cano, sus temas son “verdaderos reportajes poéticos” que no pretendían “entretener el tiempo, sino entender ese tiempo”.

Su conciencia andaluza nació, paradójicamente, lejos de casa. Según Téllez, descubrió la bandera verdiblanca en Cataluña, en una manifestación al final del franquismo. De ahí surgiría uno de sus himnos más reconocidos, que estrenó en el Teatro Lope de Vega en 1975. También fue el primero en grabar el himno de Andalucía de Blas Infante.

Pero su andalucismo no fue excluyente. “Practicaba un andalucismo esencial”, explica Téllez, que conectaba las raíces culturales con una vocación universal: América Latina, el fado, el Sáhara. En 1998 participó en el Festival de Cultura del Sáhara Occidental y apoyó iniciativas solidarias con niños saharauis y cubanos.

EL LEGADO ÍNTIMO

Para su hija, Amaranta Cano, el recuerdo es doble. “De mi padre como padre tengo muy buenos recuerdos (…) era una persona superfamiliar, coherente, muy sensible y muy humana”. Tras su muerte por un aneurisma de aorta, asumió la tarea de ordenar y proteger su legado: “En mi casa siempre ha estado muy diferenciado quién era Carlos Cano de quién era papá”.

La familia y la Asociación Memoria Carlos Cano trabajan para evitar que su figura quede “encasillada” en una imagen fija. “Tiene otros muchos recovecos para reivindicar y construir esa figura”, señala Ángel del Río.

UN PUENTE HACIA LAS NUEVAS GENERACIONES

Ese relevo ya es visible en las aulas y en los escenarios. El músico y profesor Nico Hernández, del grupo El Hombre Garabato, ha llevado su repertorio a institutos de Granada. “No se me ocurre otro músico más importante para reivindicar nuestro patrimonio, que nuestro ser andaluces”, afirma.

Bandas emergentes como Sosoritnem también lo reinterpretan. Participaron en un concierto tributo impulsado por la Fundación Miguel Ríos en la sala Planta Baja, donde actualizaron sus canciones sin prejuicios. “Debemos escucharlo con la mente en blanco”, defiende Liliana Megías. “Gracias a toda esta gente y a su recorrido nosotros podemos hablar de según qué temas en un escenario y que se nos permita”.

En una grabación de archivo, el propio Carlos Cano reflexionaba: “Me parece tan hermosa la vida (…) que si yo pudiera apostar por vivir, viviría cuatro o cinco mil años”. No pudo hacerlo, pero su obra —comprometida, poética y libre— sigue respirando en quienes la escuchan hoy.

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