La escena parece sencilla: un robot se agacha, sujeta una nevera pequeña, gira el torso y la desplaza por un laboratorio. Sin embargo, detrás de ese movimiento hay una combinación de robótica humanoide, aprendizaje por refuerzo y entrenamiento virtual que permite al sistema adaptarse al peso, al agarre y a los cambios de equilibrio durante la tarea.