El periodista vasco sufrió un atentado con carta bomba por el que perdió la visión de un ojo y le dejó graves heridas en las manos, pero ni le hizo salir de su tierra ni abandonar su profesión como ha contado en "Andalucía ahora".
Gorka Landaburu, periodista con una trayectoria de 50 años, ha compartido en "Andalucía ahora" sus reflexiones sobre los tiempos difíciles que vivió bajo la amenaza constante de la banda terrorista ETA.
El comunicador, que sufrió un atentado con carta bomba el 15 de mayo de 2001, recuerda aquel suceso como un intento fallido de silenciar su labor profesional. A pesar de las secuelas físicas, como la pérdida de visión en el ojo izquierdo y daños en las manos, Landaburu asegura no guardar ni rencor ni deseo de venganza, celebrando cada aniversario de aquel día como su "segundo nacimiento".
El veterano periodista ha relatado con firmeza su decisión de resistir y no abandonar su hogar en Euskadi, a pesar de las presiones y el acoso que sufrió incluso su familia. Tras despertar de la operación posterior al atentado, Landaburu envió un mensaje directo a los terroristas: "Os habéis equivocado porque no me habéis cortado la lengua". Su convicción en la libertad y la democracia, valores inculcados por su padre -quien fue vicepresidente del Gobierno Vasco en el exilio-, le impulsó a seguir ejerciendo su oficio para alcanzar una paz que hoy define como "agridulce" por los amigos perdidos en el camino.
Una de las mayores preocupaciones actuales de Landaburu es el olvido histórico y la necesidad de transmitir lo sucedido a las nuevas generaciones. El periodista considera una "asignatura pendiente" que jóvenes universitarios desconozcan figuras clave como Miguel Ángel Blanco o la historia reciente de violencia en el País Vasco. Por ello, defiende que es el momento de los jóvenes periodistas, a quienes los veteranos deben "prestarles su memoria" de forma pedagógica para evitar que la historia se repita o se manipule por intereses políticos.
A pesar de las amenazas actuales, como el avance de la ultraderecha y la proliferación de bulos, Landaburu mantiene un espíritu optimista y sigue animando a los jóvenes a unirse a la profesión. Para él, el periodismo es un "oficio maravilloso" que corre por las venas de su familia, con un legado que iniciaron su padre y su hermano, continúa su hijo y espera que algún día sigan sus nietos.
Su mensaje final es de resistencia y esperanza: seguir trabajando por la plena democracia y la libertad sin olvidar las lecciones del pasado