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Bernini y el papa Urbano VIII: la alianza que revolucionó el Barroco revive en Roma

Una exposición en Roma muestra la fértil alianza de artista y mecenas, dos figuras fundamentales para el nacimiento del Barroco en Roma y su expansión por la Europa católica.

CANAL SUR MEDIA 17 febrero 2026

Roma conmemora estos días una de las alianzas más fértiles de la historia del arte: la del papa Urbano VIII y el escultor y arquitecto napolitano Gian Lorenzo Bernini. Durante dos décadas, mecenas y artista fueron las figuras fundamentales para el nacimiento del Barroco en Roma y su expansión por la Europa católica.

Cuentan que cuando en 1623 el cardenal Maffeo Barberini fue elegido papa y tomó el nombre de Urbano VIII lo primero que hizo fue llamar a su escultor predilecto, un joven de apenas 25 años llamado Gian Lorenzo Bernini.

Su alianza con aquel joven genio acabaría apuntalando el Barroco con obras cargadas de dramatismo que ahora, cuatro siglos después, han sido recopiladas en el palacio romano de la dinastía Barberini.

"Fue una alianza y una amistad de una importancia extraordinaria para el destino de las arte de Roma y Europa porque Urbano VIII fue el primero en comprender el potencial de Bernini", explica el historiador y comisario artístico Andrea Bacchi.

Otro objetivo de la muestra es celebrar el cuarto centenario de la consagración de la Basílica de San Pedro del Vaticano, el gran proyecto que unió los destinos de ambos en la historia del arte.

El Barroco estalla en Roma a inicios del siglo XVI con el deseo de la iglesia de revelar su grandeza tras el jaque protestante. El arte a la luz de la contrarreforma debía ser inmenso, dinámico, triunfal. "Bernini es estratégico al ayudar al papa en esta grandiosidad", afirma el experto.

La exposición comienza con los orígenes del artista junto a su padre, Pietro Bernini, para observar enseguida su emancipación al servicio de su benefactor, Maffeo Barberini, cardenal y futuro papa.

La relación entre ambos había sido prolífica ya durante los años de cardenalato. Lo demuestra una estatua de 'San Sebastián' que Bernini esculpió en 1617 para su benefactor y que ha llegado a la muestra desde el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. El mármol blanco del santo mártir parece brillar por sí solo en el museo romano: retorcido, con expresión extasiada, apoyado sobre el árbol de su martirio, asaetado por orden imperial.

Urbano VIII fue el primero en comprender el potencial de un artista que con solo 19 años esculpió un San Sebastián, todo carnalidad y sensualidad, y lo convirtió en su artista personal para que Roma recuperara el brillo que necesitaba frente al desafío protestante. Un arte que debía ser inmenso, dinámico y triunfal, dramático y emotivo. Su primer encargo fue la decoración y los últimos detalles de la Basílica de San Pedro, incluido su grandioso baldaquino.

A lo largo de 20 años hizo hasta nueve busto de su mecenas. Muerto Urbano VIII, Bernini levantó la descomunal columnata que rodea la Basílica y la Fuente de los Cuatro Ríos. Ahora, esta exposición en la Galería Nacional de Arte Antiguo de Roma muestra parte del fruto de aquellas dos décadas que definieron el Barroco romano.

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