El mar devolvió a parte de la tripulación del pesquero, pero cinco marineros quedaron enterrados sin nombre en el cementerio de Arrecife. Las pruebas de ADN han permitido identificar a los tres últimos.
Los restos de tres marineros del barco pesquero andaluz Domenech de Varó que aún permanecían en el cementerio de San Román, en Arrecife (Lanzarote), regresan a la provincia de Cádiz, de donde zarparon hace 53 años.
Los cuerpos de Julio Pose, Jaime Roselló y Antonio Rodríguez Rivera han sido exhumados este viernes 15 de mayo y han sido entregados a sus familiares en el último capítulo de una historia que comenzó en 1973, con el naufragio del barco en la costa de Mala (Lanzarote).
Solo dos de sus doce tripulantes sobrevivieron y, entre los muertos, en aquel momento solo se identificó a tres, los primeros cuerpos que se recuperaron.
El Domenech de Varó era un arrastrero que había partido de la costa gaditana, con escala en Tánger (Marruecos) y que se dirigía al banco canario sahariano. Una avería les llevó a dirigirse al puerto de Arrecife, pero encallaron de noche en una zona rocosa.
Durante medio siglo, los descendientes pensaron que a sus familiares se los había tragado el mar. Sin embargo, además de aquellos tres cuerpos recuperados en las primera horas, unos días más tarde aparecieron cinco más. En Arrecife se hizo un funeral y se los enterró, pero esa información no llegó hasta Cádiz.
Con el 50 aniversario cumplido, José Manuel Pose, hijo de una de las víctimas, y coincidiendo con su jubilación, decidió investigar. Logró encontrar a algunos de los descendientes de puntos distintos de la Bahía de Cádiz y creó una asociación.
Pose ha señalado que lo más complicado ha sido el "proceso judicial muy complejo". De hecho, quedan en Arrecife tres cuerpos enterrados e identificados, pero ha sido imposible encontrar a descendientes a los que entregárselos. "Ha merecido la pena y lo importante es que lo hemos logrado. Después de 50 años de silencio culminamos un trabajo de tres años que nos ha permitido localizar e identificar a cinco víctimas".
Jesús Pose, hijo de José Manuel y nieto de Julio, que tenía 46 años cuando falleció, ha recibido los restos de Roselló, en representación del hijo de éste. Jesús aseguraba que la muerte de su abuelo siempre fue un tema tabú en su familia.
"Murió en la mar es lo único que sabíamos", explica, antes de resaltar el apoyo, la ayuda y la sensibilidad que han recibido en Arrecife.
Antonio Rodríguez tenía 19 años cuando murió. Era su primer viaje en barco. En realidad, el segundo porque del primero, unos días antes, regresaron a puerto por el mal tiempo. "No vayas, le decía mi madre", recuerda su hermana Ana. Su tío David era otro de los marineros, pero su cuerpo nunca apareció. Lo último que hizo antes de embarcar hacia África fue conocer a su hijo, que había nacido mientras volvían a puerto.
Al contrario que otros familiares, la familia de Ana sí supo que se había encontrado el cadáver, porque lo identificó un primo de su padre, que faenaba en otro barco. Pero ni pudieron viajar a Lanzarote ni estaban en contacto con el resto de las familias.
El año pasado se hizo una primera exhumación para cotejar los restos con el ADN. El cuerpo de Antonio estaba mal identificado. Apareció con una alianza que no era suya, con la fecha de la boda de otro de los fallecidos. Eso facilitó que se hiciera el examen genético al resto, para identificarlos a todos.
Los restos de Rodríguez irán a Sanlúcar de Barrameda, los de Pose a Cádiz y los de Roselló al Puerto de Santa María.