En esta localidad jienense este instrumento se convierte en una pequeña orquesta que une tradición musical, formación y la ilusión de unos alumnos que empiezan a cumplir su sueño musical en la madurez. Hay que recalcar además que el acordeón tiene un protagonismo especial en las provincias de Granada y Jaén.
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Esta semana se celebra el Día del Acordeón, un instrumento que, aunque muchos no lo sepan, tiene un protagonismo especial en provincias como Jaén y Granada.
Nos desplazamos hasta Frailes, en la Sierra Sur jienense, un lugar donde el acordeón no solo se escucha, sino que se vive. Aquí, este instrumento, que fue inventado en Viena en 1820, ha echado raíces profundas y sigue conquistando a nuevas generaciones.
A primera vista puede parecer sencillo, pero el acordeón esconde una complejidad fascinante. Como nos explica Francisco Javier, profesor en la escuela de música del municipio, todo empieza con una clave esencial: "tener ilusión, que te guste y te apasione la música".
Muchos de sus alumnos llegan en la edad adulta, con una espinita clavada: no haber aprendido música en su juventud. "Por suerte aparecí yo por aquí y los he convencido para que se animen", cuenta entre sonrisas.
Francisco Javier conoce bien el instrumento. Lleva tocándolo desde los seis años, cuando su padre, un gran amante del acordeón, le inculcó esta pasión que ha marcado toda su vida. "Es una maravilla de instrumento", afirma.
Y no le falta razón. El acordeón es, en sí mismo, una pequeña orquesta: con la mano derecha se interpreta la melodía, mientras que la izquierda se encarga del acompañamiento, los bajos y el ritmo. Todo a la vez. Una combinación que exige coordinación, concentración y sentido musical. "Es bueno incluso para la salud", añade.
En Andalucía Oriental, la afición al acordeón sigue muy viva, formando parte de múltiples estilos musicales y demostrando su enorme versatilidad.
Hablamos también con los alumnos, que destacan no solo lo que están aprendiendo, sino lo que están disfrutando. Porque aquí no solo se enseñan notas, se recuperan sueños.
Y para despedirnos, como no podía ser de otra manera, la música toma la palabra. Profesores y alumnos interpretan juntos una pieza muy especial: 'El Ebro', poniendo el broche final a una historia que suena a tradición, esfuerzo y pasión.
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