"Los Reporteros" se han desplazado hasta Adamuz para reconstruir todos los detalles de la tragedia ferroviaria de la que se cumple una semana. El choque entre un tren Alvia y un Iryo dejó 45 fallecidos y más de un centenar de heridos.
"Los Reporteros" se han desplazado hasta Adamuz, un lugar que probablemente necesite pocas presentaciones, aunque ustedes lo han conocido de una manera muy diferente a como lo vemos ahora. Este municipio cordobés de algo más de 4.000 habitantes se ha convertido durante la última semana en el epicentro de la información, aquí se han mezclado emociones muy distintas, dolor y también solidaridad. Y todo eso desde el pasado domingo, con ese accidente ferroviario entre un tren Alvia y un Iryo, que dejó 45 fallecidos y más de un centenar de heridos. Decíamos dolor, dolor porque aquí se atendió a los supervivientes de esa tremenda tragedia, pero también a sus familiares, a los familiares de las víctimas, y solidaridad, porque, sin lugar a dudas, los vecinos de Adamuz la han demostrado de todas las maneras posibles. Hasta aquí hicieron llegar ayuda de toda clase: mantas, comida, pero, sobre todo, su gran humanidad. Muchos dicen ya que merecen por ello la medalla de Andalucía. Desde luego, méritos no les faltan. Así, como les vamos a contar a continuación, sucedió todo.
Contemplar el atardecer desde la ventanilla de un tren en marcha es lo más parecido a recorrer un sueño. Así debió de ser el pasado domingo, hasta que la ensoñación se convirtó en pesadilla. La llamada del maquinista del tren Iryo al centro de operaciones de Atocha es el primer aviso de que algo grave ocurre.
—6189, aquí Atocha.
—Hola Atocha, 6189. Mira, comunicarles que es un descarrilamiento, estoy invadiendo la vía contigua.
A partir de ese momento, Atocha trata infructuosamente de localizar al maquinista del tren Alvia. Contactan finalmente con la interventora del convoy, todavía ajenos a la magnitud del accidente y sin imaginar siquiera que el conductor ha muerto en la colisión.
—Desde el puesto de mando de Atocha. Estoy intentando llamar al maquinista y no consigo hablar con él. Mira si te puedes pasar el cuadro.
—Yo he tenido un golpe en la cabeza también, tengo sangre en la cabeza.
—¿Perdona?
—Yo soy la interventora y también he tenido un golpe en la cabeza, tengo sangre en la cabeza. No sé si voy a poder llegar hasta el maquinista, voy a ver si puedo ver al maquinista o llamarlo. Voy a intentar ir a la cabina.
Los vecinos de Adamuz, con su alcalde a la cabeza, son los primeros en llegar al lugar del accidente. Iluminando con linternas se adentran en un paisaje sobrecogedor. "Aquello era terrorífico y además al acceder, el tren Alvia, el segundo tren que estaba más adentro, fui yo y un policía local los primeros en llegar. Y las imágenes son tan tétricas…", nos relata Rafael Moreno, alcalde de Adamuz: "Eso es algo que no se me va a borrar nunca. Una noche muy dura y muy triste y empezamos a ayudar a los pasajeros y a sacar heridos. Estoy muy orgulloso de mis vecinos y de mis vecinas porque desde el primer momento han tenido un comportamiento ejemplar. Desde el primer momento se movilizó todo el pueblo para llevar las cosas que hacían falta y luego ya se fueron incorporando más medios".
No hay precedentes del despliegue que se desarrolla a continuación. La Junta de Andalucía activa inmediatamente su plan de emergencias, mientras el Gobierno central destina a la zona un batallón de la UME y coordina el dispositivo de asistencia y seguridad, al que se sumarán hasta 220 agentes de la Guardia Civil. Llegan decenas de bomberos procedentes de toda la provincia cordobesa, Protección Civil, una veintena de forenses y varios psicólogos de Cruz Roja. En tiempo récord se establece un puesto médico avanzado en Adamuz, dotado con UVI móviles, ambulancias y equipos de cuidados críticos. El traslado de heridos es constante durante toda la noche y el Hospital Reina Sofía de Córdoba activa el plan de catástrofe.
El Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, el Alto Guadalquivir de Andújar y el de Montilla se coordinan a su vez para recibir heridos graves en caso necesario. En plena madrugada ya se han localizado varios cadáveres, pero se teme que el recuento aumente mucho más a medida que las labores de rescate y los primeros testimonios pongan de manifiesto que todavía hay muchos pasajeros desaparecidos.
Cuando amanece, el país despierta conmocionado. Las luces del día muestran con toda su crudeza la magnitud de la tragedia. A mediodía del lunes, el recuento de víctimas roza ya los 40 muertos. En la identificación de los cuerpos, mediante pruebas de ADN, juega un papel fundamental la Unidad Aérea de la Guardia Civil. Pero nada se sabe de muchos pasajeros. A la desesperada, familias de distintos puntos del país viajan hasta Adamuz para tratar de averiguar su paradero, una esperanza que se irá debilitando a medida que pasan las horas.
El mundo mira consternado hacia Adamuz y todas las instituciones españolas y europeas transmiten sus condolencias. Los reyes, que se encontraban en Atenas asistiendo al funeral de Irene de Grecia, regresan de inmediato a España y el martes acuden a la zona, se interesan sobre el terreno por los trabajos de los equipos de rescate y visitan a víctimas y familiares en el Hospital Reina Sofía de Córdoba. Un día antes, Adamuz declaró tres días de luto oficial, los partidos políticos cancelaron sus agendas y el presidente del Gobierno acudió a la localidad cordobesa tras anunciar que suspendía su asistencia al foro de Davos.
Esa es la pregunta clave: ¿qué pudo provocar un accidente de tal magnitud? En las primeras horas cunde la extrañeza. La colisión se produce en una recta y la velocidad de ambos trenes era la adecuada. Según revela el ministro de Transportes, la misma noche del siniestro, la línea donde se produjo el accidente fue renovada por completo el pasado mes de mayo. "El accidente es tremendamente extraño. Todos los expertos en materia ferroviaria están extrañados porque es muy raro y difícil de explicar en este momento. Esperemos que la investigación nos ayude a esclarecer qué es lo que ha sucedido", asegura el ministro de Transportes, Óscar Puente.
La compañía Iryo se apresura en descartar un fallo mecánico, argumentando que el convoy es prácticamente nuevo y fue revisado cuatro días antes del accidente. Según Carlos Bertomeu, presidente de Iryo, "el tren no llega a tres años desde que se compró, es de última tecnología y ha cumplido la totalidad de su plan de revisiones y mantenimiento. Un descarrilamiento es un accidente extraño y hay que ponerse a disposición de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes Ferroviarios para determinar la causa y evitar que vuelva a pasar nunca más".
Descartado desde el principio un fallo humano, una de las hipótesis se centra en la posible rotura de una soldadura de la vía. No se descarta un desajuste en la rodadura del Iryo, un fallo del software del cambio de agujas o una combinación de todos esos factores. El testimonio del maquinista del tren Iryo será determinante en la investigación, sobre todo tras publicarse por "Cordópolis" las comunicaciones con el centro operativo de Adif justo cuando acababa de producirse el descarrilamiento.
—Repito, descarrilamiento, estoy invadiendo la vía contigua.
—Vale, recibido. Gracias por avisar.
—Paren el tránsito por las vías urgentemente, por favor.
—Sí, no hay ningún tren llegando.
—Tengo un incendio también. Necesito abandonar la cabina porque tengo que verificar.
A la espera de conocer la causa exacta del accidente, solo hay una certeza: el tren de Huelva no tuvo tiempo de evitar el choque. Los trenes Alvia están equipados con un sistema anticolisión conocido como LZB, que transmite información en tiempo real y activa el frenado de emergencia. Una fatalidad impidió que el sistema funcionara.
Entre el descarrilamiento del tren Iryo y la colisión con el tren Alvia sólo pasaron nueve segundos y en tan poco tiempo no se activa el sistema de frenado automático. Con el obstáculo a la vista, el conductor del Alvia intentó frenar manualmente aun a sabiendas de que un tren que circula a 200 kilómetros por hora necesita por lo menos dos kilómetros para detenerse por completo. En esas circunstancias y a esa velocidad, el choque era inevitable.
45 FALLECIDOS
De los 45 fallecidos, 9 viajaban a Madrid en el tren Iryo. 36 murieron en el Alvia que se dirigía a Huelva. En esta ciudad y en municipios como Punta Umbría, Isla Cristina, Lepe, La Palma del Condado o Gibraleón, quien más y quien menos conocía a alguna de las víctimas.
Mario, que se había presentado la prueba para funcionario de prisiones en Madrid, también estaba en la cafetería en el momento del impacto. Había ido a picar algo porque no había comido nada. Perdió la vida el mismo día que cumplía 42 años. Ana Martín Sosa estaba muy contenta de cómo le había salido el examen. Pepi, su madre, la había acompañado para darle ánimos. Las dos fallecieron en el accidente. Naturales de Isla Cristina, estaban muy vinculadas al carnaval de su pueblo. Hasta su paisano, el cantante Manuel Carrasco, lamentó su pérdida en redes.
Antonia Garrido, trabajadora de ayuda a domicilio de Huelva capital, también acompañó a su hija al examen, pero no sobrevivió al accidente. Por suerte, su hija sí. Rafael Millán, trabajador municipal de Punta Umbría, también había puesto en esas oposiciones sus esperanzas de futuro. Un futuro que se truncó en Adamuz. Eduardo Domínguez, de Gibraleón, era otro de los aspirantes a la prueba y también encontró la muerte en los primeros vagones del Alvia. Como su paisano José María Martín, con quien compartía el ser cargadores en la Hermandad del Cristo de la Sangre de su pueblo.
En Aljaraque, vivía la familia Zamorano Álvarez. Habían ido a ver el musical de ‘El rey león’ y un partido del Real Madrid. El matrimonio formado por Pepe y Cristina, su hijo Pepe y su sobrino Félix no pudieron escapar al zarpazo de esta tragedia. Sí pudo hacerlo su hija de 6 años, que milagrosamente, salvó su vida al salir despedida por una de las ventanas del tren.
También habían ido a disfrutar del musical José Manuel Sauci y Natividad Valdayo, un matrimonio de Bollullos del Condado. Era el regalo de Reyes de sus hijos.
La noche del accidente, muchas personas se acercaron a la estación de Huelva buscando información. Entre ellos, la hija de los periodistas María Clauss y Óscar Toro, reconocidos por su amplia trayectoria y por su compromiso, él con los derechos humanos y el medio ambiente; y ella, con la cultura y la memoria. Por desgracia, como en muchos otros casos, la joven recibió allí la peor de las noticias.
Huelva también llora la pérdida de David Cordón, ex jugador de la selección española de fútbol playa y padre del jugador del Getafe Davinchi. O la de Víctor Luis Terán, ciudadano boliviano que regresaba a Huelva tras visitar su país. O las de Manuela Barba y Esther Matito, que eran cuñadas y habían disfrutado juntas del fin de semana en Madrid. Al igual que Natividad de la Torre, una mujer de 79 años, que viajaba en el vagón 1 junto a su hijo y sus tres nietos. Toda su familia sobrevivió… menos ella.
Rocío Díaz, una conocida pescadera de Punta Umbría, Tamara Valdés, una exbailarina cubana que dirigía una inmobiliaria en Aljaraque, Miriam Alberico, la joven lepera que ocupaba el asiento 1A del vagón 1, y un matrimonio de La Palma del Condado completan la triste lista de víctimas en la provincia de Huelva.
Desde el pasado domingo se han sucedido las muestras de dolor y de respeto. Minutos de silencio, banderas a media asta, celebraciones canceladas… Todo en recuerdo de aquellos que iniciaron un viaje que nunca llegó a su destino y que han dejado un vacío imposible de llenar.
DOS TRENES, UNA MISMA TRAGEDIA
Dos trenes y una misma tragedia. Uno de ellos nunca llegó a Huelva y el que partió desde Málaga dejó tras de sí una estela de incertidumbre. Ese temor cundió en pocas horas entre las familias de los viajeros del tren Iryo, uno de los tantos que a diario parten en dirección a Madrid desde la estación María Zambrano. 289 pasajeros, cuatro tripulantes y un maquinista iban en ese tren que nunca llegó a su destino. Aquí comenzaron historias que por azar cambian vidas y esperas marcadas por el miedo a no tener noticias.
Mientras tanto, la vida sigue a duras penas en Adamuz, una apacible localidad de 4.000 habitantes que se ha convertido en el epicentro de un dolor inmenso y también en un ejemplo de solidaridad. En esta caseta municipal se bailan sevillanas en primavera, pero la noche del accidente se convirtió en un improvisado hospital de campaña. En el centro neurálgico de auxilio a los pasajeros de los trenes. Llegaban heridos, contusionados, como poco, desorientados, y aquí recibían una primera asistencia sanitaria pero, sobre todo, recibieron el calor de los vecinos de este pequeño pueblo. Adamuz es para siempre sinónimo de solidaridad.
La tranquilidad del pueblo se rompió la noche del domingo, una noche en la que nadie durmió. Cientos de personas se movilizaron de forma espontánea. Una auténtica riada de voluntarios discurría la caseta municipal para llevar mantas, agua, colchones, estufas, otros trasladaban a los afectados en sus vehículos, algunos incluso, los primeros en llegar al lugar del accidente, rescataron a personas atrapadas en los vagones. Uno de ellos se llama Gonzalo, vendedor de cupones, que socorrió a unas 15 personas, primero con su coche y luego con un quad que puso a disposición de los servicios de emergencias. No solamente los sanitarios lo han felicitado, también sus vecinos, los Reyes y, sobre todo, los familiares de las personas que ayudó a salir del infierno.
Son historias, imágenes que no olvidará, pero a pesar de todo, Gonzalo se resiste a que lo llamen héroe: "Un héroe tenía que haber hecho lo que yo no pude hacer: levantar el tren y sacar a la gente que había debajo pidiendo auxilio. Que cuando yo llegué y vi las manos pidiendo ayuda… y una chica me decía ayuda a mi madre que está debajo. Pero “¿cómo saco a tu madre de ahí?”. El pueblo de Adamuz sí es un héroe. Todos juntos hacemos mucha fuerza".
Y esa fuerza lo condujo a entregarse en cuerpo y alma con las víctimas de la tragedia, pero también con sus familiares que iban llegando a Adamuz para tratar de localizar a sus seres queridos. Supermercados, farmacias, bares... todo estaba abierto. Uno de esos establecimientos fue la cafetería que regenta Antonio en el Hogar del Pensionista: "Ya cuando terminaron de evacuar todo el personal del accidente, los familiares de las víctimas desaparecidas subieron aquí. Había también equipos de psicólogos, de Cruz Roja, de otras organizaciones..."
También aquí venían los vecinos a traer lo que pudieran para atender lo mejor posible a unas personas que vivían con incertidumbre los peores momentos de sus vidas, ofreciéndoles café calentito, el caldito calentito también, hablando con ellos un poco, ofreciéndoles zumo, mantas, que se sentaran en los sillones. Lo que les hiciera falta. Ese día no se cobró nada. Después de este maremoto de solidaridad y de empatía, ahora toca volver poco a poco a la normalidad.
Lamentablemente, esa entrega solidaria de Adamuz contrasta con el comportamiento de ciertas compañías de transporte, taxistas o agencias de alquiler de vehículos que han triplicado sus tarifas aprovechando que muchos viajeros necesitan desplazarse a diario entre Madrid y Andalucía y no puede hacerlo por tren.
Están siendo días muy complicados por la supresión de la alta velocidad entre Madrid y Andalucía. Por eso, para garantizar la movilidad de los afectados, Renfe ha puesto en marcha un plan alternativo de transportes que, nos dicen, está funcionando bien y que tiene distintas opciones. Una de ellas combina el AVE entre Madrid y Sevilla o Madrid-Málaga con un tramo por carretera entre Córdoba y Villanueva de Córdoba. Otra es es con vía convencional: une Madrid con Sevilla, Cádiz, Granada o Almería, y los viajeros de Huelva tienen que enlazar por Media Distancia a través de Sevilla.
También se ha reforzado la Media Distancia en la línea que va de Madrid, Extremadura y Sevilla. Naturalmente, esto incrementa el tiempo de viaje, pero es una solución temporal. Y sobre todo, porque las alternativas son muy complicadas debido a los precios abusivos. Nos dicen que se están pidiendo hasta 1.000 euros por alquilar un coche a Sevilla. Incluso hay quejas en el Blablacar y eso que ahí es un particular el que ofrece su coche a otras personas para compartir el trayecto a cambio de una cantidad de dinero.
Para evitar esos abusos, hay personas que han recurrido a la estación de autobuses porque ahí los precios son estables, y también a Iberia, que ha puesto vuelos de refuerzo a 99 euros, pero claro, las plazas son limitadas. Por eso, desde que se ha puesto en marcha este plan de refuerzo, muchas personas se han puesto en cola en atención al cliente para comprar un billete o cambiar el que tenían por uno de los nuevos.
Los días pasan. Muy pronto no quedará rastro físico alguno de la tragedia de Adamuz. Los vagones retorcidos serán retirados, la vía quedará reparada y los trenes volverán a circular con normalidad. Poco a poco, el paisaje recuperará su antiguo aspecto. Imposible será, sin embargo, que lo que aquí ha ocurrido caiga en el olvido.
El sábado siguiente, el día 31, será el funeral de Estado que se celebrará en Huelva, la provincia más afectada por esta terrible tragedia.