El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Curtin (Australia) y publicado en la revista Communications Earth & Environment, cuestiona uno de los debates arqueológicos más persistentes sobre cómo la Piedra del Altar y otras rocas llegaron a su posición actual y refuerza la hipótesis del transporte humano deliberado.
Utilizando técnicas avanzadas de huellas dactilares minerales, los autores del trabajo examinaron granos microscópicos conservados en ríos cercanos al monumento histórico en la llanura de Salisbury, al sur de Inglaterra. Los granos minerales actúan como cápsulas del tiempo geológicas y revelan cómo los sedimentos viajaron por Gran Bretaña durante millones de años.
El profesor Anthony Clarke, de ese centro universitario, indica que los resultados no mostraron evidencia de que los glaciares llegaran alguna vez al yacimiento de Stonehenge.