Décadas después, un nuevo estudio científico publicado en la revista Nature arroja nueva luz sobre aquel fenómeno. Los datos recogidos por la sonda de la NASA mostraron que el magnetismo del gigante helado estaba desplazado y desalineado respecto a su eje de rotación. Aquella señal, captada por los magnetómetros a bordo, sugería que los procesos internos de Neptuno eran mucho más complejos de lo previsto.
La clave parece residir en una fase exótica conocida como agua superiónica, una forma de hielo caliente y oscuro que se comporta de manera inesperada. En este estado, los átomos de oxígeno forman una red sólida mientras los de hidrógeno se desplazan libremente, facilitando la conducción eléctrica.