El vicepresidente, que lideró la delegación estadounidense en las conversaciones de Islamabad, asegura que ha habido avances.
Este martes también Líbano e Israel se sientan a la mesa para una negociación directa con pocos visos de prosperar.
Estados Unidos afirma que hay ciertos avances en las negociaciones con Irán para poner fin a la guerra. Al menos ese es el relato del vicepresidente J.D. Vance, quien aseguró este lunes que esas conversaciones no han sido "un fracaso total" e insistió en que "han avanzando mucho" a la espera de que Irán acepte los puntos clave de peticiones planteadas por la Casa Blanca.
Este martes está previsto otro encuentro clave en el devenir del conflicto en Oriente Próximo. El Líbano se sienta a la mesa de negociación con Israel de forma directa por primera vez en más de cuatro décadas para tratar de poner fin a la violencia y los ataques e invasiones israelíes, en unas conversaciones de muy bajo nivel que casi todos consideran abocadas al fracaso ya antes de comenzar.
El embajador israelí en Estados Unidos, Yechiel Leiter, y su homóloga libanesa, Nada Hamadeh Moawad, se reunirán en Washington seis semanas después del comienzo una guerra que deja más de 2.000 muertos en el Líbano.
En cuanto a las conversaciones entre Estados Unidos e Irán, el vicepresidente Vance ha admitido ciertos avances. "No digo simplemente que las cosas hayan ido mal. También creo que algunas cosas han ido bien", respondió en una entrevista con la cadena Fox News sobre los resultados de su mediación en las negociaciones realizadas en Pakistán el pasado fin de semana. "La gran incógnita ahora es si los iraníes aceptarán o no los puntos clave que necesitamos para seguir adelante", concluyó el número dos del gobierno de Trump.
Entre las principales discrepancias estaría el tiempo durante el cual Irán debe suspender el enriquecimiento de uranio. Estados Unidos exige que sean 20 años e Irán limita el plazo a 5 años
Durante la misma intervención, Vance dijo que Irán mostró cierta flexibilidad, pero "no cedió lo suficiente". Y respecto a la posibilidad de nuevas conversaciones, indicó que la pregunta debería plantearse a los iraníes.
El vicepresidente reconoció la reapertura del estrecho de Ormuz como un punto clave para alcanzar un acuerdo, aunque decidió dejar recaer la responsabilidad de este hecho sobre Teherán, diciendo que está en sus manos "hacerlo realidad".
Contra todo pronóstico, el vicepresidente fue elegido para liderar la delegación estadounidense que se reunió el sábado en Islamabad con autoridades iraníes, en un intento por hallar una salida a la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero.
Vance había sido uno de los miembros de la Administración más opuestos a la ofensiva, apelando al lema 'Estados Unidos primero' que Trump enarboló en campaña, prometiendo poner fin a las prolongadas guerras en el extranjero.
Tras el fiasco para abrir el estrecho, Trump ordenó a la Marina estadounidense bloquear también el paso para evitar el tránsito de buques iraníes o de sus aliados, un gesto que amenaza con agravar todavía más el conflicto
En la misma entrevista, Vance también ha cargado contra el papa León XIV, al que ha pedido que se dedique "a "cuestiones de moralidad", respaldando así a Trump tras atacar al pontífice por sus críticas sobre su proceder en la guerra de Irán.
El vicepresidente afirmó que el papa debería enfocarse en "lo que sucede en la iglesia Católica y dejar que el presidente dicte la política pública estadounidense".
Anteriormente, Trump había descartado disculparse con el papa León XIV por las declaraciones en las que lo acusa de ser "débil con el crimen" porque el pontífice dijo "cosas que están mal", en referencia a las críticas de su actuar en la guerra en Oriente Medio. El papa respondió este lunes asegurando que no le tiene "miedo a la Administración de Trump".
"Seguiré levantando la voz para construir la paz", dijo a la prensa a bordo del avión papal.
Además de la tensión con el papa, Trump generó polémica por publicar en sus redes, y luego borrar, una imagen en la que aparecía representado como Jesús y que había generado un fuerte rechazo de representantes católicos afines hasta ahora al presidente.