Empiezan a ser legión los que afirman que, posiblemente, estemos ante el mejor torero de la historia y su histórica faena desde la silla en La Maestranza de Sevilla contribuye a aumentar su leyenda. En "Andalucía Ahora" hablamos con Juan Ramón Romero y Jesús Bayort sobre el alcance de este mito del toreo que está revitalizando la fiesta nacional.
Empiezan a ser legión los que afirman que, posiblemente, estemos ante el mejor torero de la historia y lo que sucedió este jueves en La Maestranza de Sevilla contribuye a aumentar su leyenda. El torero de la Puebla del Río ha vuelto a protagonizar una tarde histórica en La Maestranza. Morante puso en pie a la plaza con su banderillas desde una silla y una lidia memorable pero 'perdonó' las dos orejas y el rabo al fallar con la espada. En "Andalucía Ahora" hablamos con Juan Ramón Romero y Jesús Bayort sobre el alcance de este mito del toreo que está revitalizando la fiesta nacional.
Morante fascinó en la sexta de abono. Compartían tarde en La Maestranza Ortega, Víctor Hernández y Morante de la Puebla quien, sobre todo, hizo una faena memorable a su segundo al que llegó a banderillear, e incluso dar un pase, sentado en una silla. La filigrana le ganó una doble vuelta al ruedo espontánea, pero sin premio por parte de la presidencia porque perdonó a la hora de matar. La multitud enfervorecida viendo que ante la falta de trofeo oficial no podría salir del coso sevillano por la puerta del Príncipe decidió sacarlo por la puerta de cuadrillas. Nuestro compañero Jesús Bayort lo ocurrido con Macarena Pablo-Romero, presidenta de la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Sevilla en "Despierta Andalucía", quien asegura que le hubiera dado el rabo a Morante y que nadie le consultó sobre la salida a hombros por la Puerta del Príncipe.
Fue así como, con una desatada euforia y en medio de cierta sicosis neomorantista, cientos de jóvenes se lanzaron al ruedo al final del festejo para intentar llevar al de la Puebla al otro arco, el de la Puerta del Príncipe, destinado a los triunfos con un mínimo de tres orejas y que, en este caso no permitió la autoridad, a pesar del fuerte empuje de sus partidarios. Y todo vino provocado por la inclasificable faena que el sevillano le hizo al cuarto toro de los de Álvaro Núñez, estimulado sin duda por la excelente actuación de Víctor Hernández en el turno anterior y después de verse obligado a abreviar -de hecho ya comenzó el trasteo con la espada de acero- con un primero de lote rápidamente desfondado.
De ahí que, ya de partida, intentara fijar al colorado, "Colchonero" de nombre, recostado en la barrera y con largas a una mano para acabar de sujetarlo realmente con lances algo tropezados. Pero el maestro dejó así claro que esta tarde, dentro de su siempre sorprendentes versiones, tocaba el palo de la variedad y de la recuperación de suertes clásicas, con sabor añejo.
Por eso sacó del peto al de Núñez por tijerillas con el capote, para de inmediato coger las banderillas y protagonizar un tercio de asombroso clasicismo, con un primer cuarteo aseado y un sensacional y purísimo segundo par al sesgo que puso en pie, como un resorte, a toda el tendido por donde, instantes después, ya se desató una descomunal euforia cuando Morante pidió una silla de madera para, sentado en ella, cerrar brillantemente con un tercero al quiebro.
Hasta ese momento el toro había mostrado una dulce clase que no se acompañó luego de mayor brío y fondo, por lo que la faena de muleta, que comenzó Morante desde esa misma silla en recuerdo de Rafael El Gallo, no pudo concretarse en tandas de pases al uso, dentro de los estándares habituales, sino que resultó una sucesión de genialidades, alternando pases redondos y limpios con otros enganchados pero muy entregados, vistosos adornos y un natural invertido de 360 grados que enloqueció al ya desatado público. De no haber pinchado al primer intento y de no necesitar de tres golpes de descabello para tumbar al noble ejemplar, a buen seguro que, dada la ebullición del entusiasmo, Morante hubiera vuelto a cortar otro rabo en Sevilla.
