En "Gente de Andalucía" hablamos con un experto ambientalista que ha llamado la atención sobre la salud de estos humedales que combinan una altísima biodiversidad con la producción artesanal e industrial de sal.
Las salinas de la Bahía de Cádiz afrontan un momento “de buena salud, pero con un peligro inminente”. Así lo ha advertido el catedrático Javier Benavente, de la Facultad de Ciencias del Mar y Ambientales de la Universidad de Cádiz, en una entrevista en el programa "Gente de Andalucía" de Canal Sur Radio.
Durante la conversación, el experto explicó que estos humedales “son ecosistemas fundamentales que combinan una altísima biodiversidad con la producción artesanal e industrial de sal”, además de constituir “un legado cultural, histórico y económico para las comunidades locales”.
Sin embargo, alertó de que el principal problema no es solo coyuntural, sino estructural: “Fundamentalmente debido al abandono de la actividad tradicional”. Aunque muchas salinas se transformaron en granjas de acuicultura extensiva, “tampoco es competitiva comparada con las granjas de acuicultura de tipo intensivo”, lo que ha provocado el deterioro progresivo de muros, esteros y cristalizadores.
Los recientes temporales han agravado la situación. La entrada masiva de agua dulce y la apertura de embalses han reducido momentáneamente la salinidad. “Es momentáneo”, matizó Benavente, ya que el mar actúa como amortiguador y las mareas restablecen el equilibrio. No obstante, las salinas que ya habían iniciado la producción “habrán bajado bastante la salinidad y muchos tendrán que abrir de nuevo, rellenar con agua de mar con la salinidad más adecuada”.
El sistema tradicional, explicó, funciona mediante la captación de agua en grandes esteros y su circulación progresiva por canales hasta los cristalizadores, donde la evaporación —favorecida por el viento de levante y la alta evapotranspiración— concentra la sal. La primera capa es la apreciada flor de sal, seguida de la sal marina convencional.
Frente a la sal industrial o de minería, Benavente defendió que la sal marina artesanal “es rica en diferentes minerales” y tiene “muchas más propiedades”.
Más allá del valor productivo, el profesor subrayó la dimensión cultural e histórica de las salinas gaditanas, activas desde época medieval e incluso anteriores. “Existen muchísimos restos de un patrimonio cultural elevadísimo que no podemos dejar perder”.
En este sentido, anunció que se trabaja en una propuesta para que las salinas sean declaradas Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial por la FAO. El objetivo es que las administraciones simplifiquen trámites y coordinen competencias, ya que muchas salinas se ubican en dominio público marítimo-terrestre y espacios protegidos como el Bahía de Cádiz.
“El problema es que en nuestro país la salina no está asociada al sector primario, sino que se considera minería, como si fueran minas de sal, y todo eso hace bastante complejo su gestión”, lamentó.
La estrategia pasa por revalorizar el producto, impulsar un turismo sostenible vinculado a la cultura salinera y a la observación de aves, y garantizar que salineros y acuicultores puedan mantener la actividad. “Hay que protegerlo”, insistió el catedrático, recordando que forman parte "
La entrevista concluyó con un agradecimiento del experto a la emisora “por darle visibilidad a este precioso paisaje”, símbolo de biodiversidad y memoria económica de Andalucía.