Recibirán un 38% menos de agua que el año pasado ante la falta de lluvias y las escasas reservas de los embalses que están al 25,6% de su capacidad.
En marzo se previó una dotación máxima de 700 metros cúbicos por hectárea para los cultivos de mayor consumo.
El primer trimestre de 2023 ha sido bastante seco con una déficit de las precipitaciones del 66% respecto a la media histórica
Los regadíos van a recibir un 38% menos de agua que el año pasado. La comisión de desembalse toma esta decisión ante la falta de lluvias y las escasas reservas de los embalses. La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir ha estado reunida esta mañana. Como se preveía ha recortado drásticamente el agua para regar los cultivos.
Ha llovido muy poco y el agua que llega a los embalses es un 60% más baja que la media del último cuarto de siglo. Tienen 773 hectómetros cúbicos y se van a repartir en torno a 400.
Cada finca recibirá como mucho 700 metros cúbicos por hectárea de los 6.000 que recibe en una año hidrológico normal. El año pasado, tampoco fue normal, recibieron dos tercios menos, 1750.
El campo andaluz está al límite y los agricultores no saben con qué regar. Este año hidrológico ha llovido menos de 300 litros por metro cuadrado, cifra que llevan a la comisión de desembalse de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir a reducir drásticamente el agua para el riego.
Los embalses de la Cuenca del Guadalquivir, se encuentran en un 25,6% de la capacidad total, deberían disponer de un un 36% más de agua en los embalses, esto es, 2.900 hectómetros cúbicos frente a los menos de 800 actuales.
Desgraciadamente no ha habido cambios, ha lamentado el presidente de la Confederación, Joaquín Páez, que se ha mostrado abierto a un adelanto del inicio de la campaña de regadío, aunque dependerá de la decisión que se tome entre los usuarios de la cuenca y de las condiciones meteorológicas.
Pero la suma de escasez de agua embalsada, con solo un 22,61% en la regulación general y el 25,39% para el total del Guadalquivir, la falta de precipitaciones y las altas temperaturas, han llevado al campo andaluz a una situación dramática, según coinciden las distintas asociaciones agrarias, que aseguran que es un estado homogéneo de malo en toda la región y para todos los cultivos.
De esta manera, los cereales de invierno, como el trigo, la cebada, la avena y el centeno y cuyo cultivo se produce entre octubre y febrero, están al límite de la persistencia y, si no llueve en los próximos 15 o 20 días, están abocados a secarse y a no ser viables, mientras que se está reduciendo de forma importante la siembra de girasol, que se debe producir en primavera.
Por su parte, hortícolas de invierno, como la cebolla y el ajo, están en una situación tan crítica que se ha pedido a la CHG que se adelante cuanto antes el riego y, si bien de autorizó una pequeña dotación la semana pasada para la zona de Córdoba, no ha sido así en la provincia de Jaén.
También es muy preocupante la situación de los leñosos, principalmente en cítricos y almendros, y se teme hasta por la propia persistencia de la arboleda, si bien la mayor urgencia reside en el olivar.
La floración del olivar llega este año adelantada respecto a lo normal, por lo que la falta de agua hace que el olivo pierda algo de fuerza en la floración y da lugar a que no llegue a término, lo que impedirá el engorde del fruto y anticipa una drástica reducción de la cosecha. De ser así, por primera vez en la historia se encadenarían dos campañas pésimas en el olivar tras cerrar la última cosecha con una reducción del 40%, de ahí que los agricultores también pedirán a la comisión un adelanto en la disponibilidad de agua, principalmente el olivar de regadío.
Aunque los frutos rojos ya están casi al final de la campaña, han visto reducidas sus aportaciones de agua un 25 por ciento, mientras que en la comarca de la Axarquía, en Málaga, cultivos tropicales como el aguacate o el mango también están en peligro con unas perspectivas lamentables, tanto el cultivo como el producto en sí.
Pero es que con la dotación de agua prevista por la CHG, los agricultores son conscientes de que cultivos como el algodón, el maíz o el arroz, nos van a ser viables, al igual que el tomate de industria, por lo que el sector baraja adecuar una pequeña superficie de cultivo y destinar el resto al barbecho. La ganadería también se encuentra en una situación muy crítica debido a la ausencia de pastos, lo que lleva a las explotaciones a alimentar a las reses a base de forraje y pienso, lo que conlleva un importante incremento de los costes. En muchas zonas tienen que llevar el agua con cisternas.