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"Los Reporteros" vuelve a Adamuz, el día que Andalucía reconoce su entrega

Han recibido una Medalla de Andalucía por su entrega el día del trágico accidente ferroviario de Adamuz.

Con ese motivo, en Los Reporteros hablamos con algunos de sus vecinos que, esa fría noche, se lanzaron a ayudar a los heridos.

CANAL SUR MEDIA 1 marzo 2026

Este 28F ha sido, un año más, una jornada de reconocimiento a andaluces y andaluzas que representan con orgullo a nuestra tierra. Y entre esos reconocimientos, pocos aplausos han sido tan prolongados como el que ha recibido el pueblo de Adamuz, galardonado con la Medalla a los Valores Humanos, la Solidaridad y la Concordia. Su entrega con las víctimas del accidente ferroviario del pasado enero quedará para siempre en nuestra memoria.

Un lazo humano, quizás más fuerte que la sangre, une desde el domingo 18 de enero de 2026 a los 4.100 vecinos de Adamuz con las víctimas del accidente ferroviario ocurrido esa noche en la línea de alta velocidad a su paso por este municipio cordobés. El siniestro, que dejó 46 muertos y más de un centenar de heridos, marcó para siempre a este pueblo de la campiña, rodeado de olivares y acostumbrado al ritmo del campo.

Uno de los primeros en llegar fue Gonzalo Sánchez, vendedor de la ONCE, que con su quad acudió a socorrer a los accidentados. Hoy regresa por primera vez a las vías con la misión de recordar a quienes no volvieron.

“Pregunto, ¿dónde voy? ¿Qué hago? Me dicen, vete al segundo tren. El segundo tren, ¿cuál es? Allí donde está la luz roja. Y eso estaba a un kilómetro, por lo menos. Y cogimos corriendo allí por medio, que no se veía nada, que yo llevaba simplemente una linternita de la cabeza y una palanca, corriendo por ahí por medio de todo ese destrozo que había, y te encuentras lo que no te quieras encontrar, porque eso no se lo quiere encontrar nadie. Y allí nos encontramos a una chica pidiendo auxilio para su madre, y dice, “por favor, saca a mi madre, saca a mi madre”. Pero claro, yo no puedo levantar un tren, yo puedo ayudarte a ti a llevarte, pero yo no puedo levantar un tren. Y te encuentras allí lo peor de lo peor, de lo peor. Hubo un momento en que el silencio era sepulcral. En una biblioteca había más ruido. Allí solamente se veía a gente pidiendo ayuda. Se veían las manos moviéndose en un movimiento muy lento. Y silencio”.

A cinco kilómetros del casco urbano, la Policía Local, con solo cuatro agentes, se desplegó en la zona. Isabel Buendía, agente, cuenta que “intentamos en todo momento ayudar a todas las personas. Lo primero, sacarlas de los vagones. Incluso cuando ya estaban fuera, hasta que íbamos evacuando a todos los heridos, pues darles… Simplemente necesitaban que les dieran la mano, que supieran que íbamos a estar ahí, que ya no se iban a quedar solos, que los íbamos a llevar con sus familias. Y sobre todo abrigarlos, abrigarlos, cogíamos de maletas lo que pudiéramos para taparlos”.

Belén Moya, concejal de Seguridad cuenta que “aunque es un pueblo pequeño y tenemos pocos recursos, los pocos que tenemos sabemos dónde tenemos que buscarlos y es muy rápido buscarlos, porque todos sabemos quién dispone de las cosas”.

Isabel Buendía recuerda que era “una noche muy oscura, muy fría, hacía muchísimo frío”.

Antonio Ruiz, Jefe de la Policía Local  recuerda que “el tiempo jugaba en contra de las personas heridas. Teníamos que actuar lo más rápido posible, lo primero por las circunstancias del accidente, que había sido un choque grave, y aparte era una noche muy fría, se alcanzaron temperaturas bajo cero. Entonces teníamos que ser muy rápidos en sacar y atender a todas las personas”.

Adamuz vive del aceite de oliva. El accidente se produjo entre olivares en plena campaña. En la Cooperativa Olivarera Nuestra Madre del Sol, el recuerdo sigue presente, como rememora Alfonso Pérez, agricultor de profesión. “Bajó mi mujer, me quedé con los niños. Llegaban las familias buscando o preguntando por sus familiares, muy duro, y ella lo contaba y la verdad que muy difícil, muy difícil. Ya llegaba una hora, que las personas que estaban allí que preguntaban por sus familiares, cuando no recibían respuesta, se ponían en lo peor. Fue lo peor”.

Inma Quesada, técnica de la cooperativa, vive junto a la vía. “Tengo la vía prácticamente al lado. Yo vivo en el campo. Y la verdad que está relativamente cerca de donde sucedió. Y mi madre oyó el golpe. Pero claro, nosotros no sabíamos qué estaba pasando hasta ya el tiempo. Ya bajamos. Por ejemplo, aquí en la cooperativa abrimos toda la zona del patio para que entraran ambulancias, Protección Civil, todo lo que se pudiera. Dejamos abierto el suministro de gasolina y gasoil para toda la noche”.

Elisabet Ayllón regresaba de pescar con su hijo Julio, de 16 años, y su amigo Jose, de 17. Sus vidas se cruzaron con las de desconocidos que necesitaban ayuda urgente. “Ella estaba muy desorientada, tenía un golpe en la cabeza, no sabía muy bien lo que había pasado. Yo le decía, “no mire a los lados, no esto”, yo me la quería llevar de allí, rápido. Entonces yo hablé con ella, estaba muy agradecida, después ha visto la trascendencia y se ha dado cuenta de que esto era muy gordo, pero ella estaba en shock, no hablaba y lo poquito que hablaba era “mi maleta, mi marido, mi”..., en fin. Mientras tanto, mi hijo y su amigo Jose estuvieron trasladando a gente que estaba herida, del Alvia hasta donde estaban las ambulancias".

"Después yo traje a una señora también mayor que se había dado un golpe en la cabeza y estaba muy mareada. Y entre medias pues ellos trasladaban a gente. Yo los veía por el camino y ellos seguían transportando gente, dándole zapatos. “Mamá, que esta chica no tiene zapatos, por ejemplo. Este chico no tiene abrigo. Este chico que no sabe que está desorientado. Entonces cada uno pues ayudó en lo que pudo. Yo creo que esto que ha pasado aquí, ha pasado aquí, desafortunadamente, porque nos ha tocado. Pero que en cualquier otro sitio, espero y confío en que hubieran actuado igual que nosotros”.

Cuidar a mayores es la segunda actividad con más empleo en el municipio. Aquella noche, las cuidadoras se transformaron en personal de emergencia improvisado.

Mari Ángeles Muñoz, cuidadora, recuerda también aquella noche: “De una despedida de soltero venía el muchacho. Y él tenía un traumatismo craneoencefálico. Paramos el primer coche que pasó y nos lo llevamos al centro de salud hasta que vino una ambulancia para él. Estuvimos una ATS, María Dolores, y yo con él. Iván, Iván se llamaba, eso sí. "Muchas gracias". "Muchas gracias" y que jamás se le olvidará el nombre de María Ángeles, que era "como su ángel de la guarda", me decía. Y la verdad es que muchas veces me gustaría saber de él, pero... Me acuerdo que tenía poca batería en el móvil, se lo cargué y le llamó su padre y dice, “luego lo llamo”. Digo, no, cógeselo ahora mismo, por favor. Porque yo soy madre, que también mi niño con tres añitos estuvo allá abajo, mi marido también, y ayudamos en todo lo que pudimos. Nosotros nos presentamos allá abajo en la caseta municipal y era como si en otra vida, es que lo siento así, como si en otra vida te hubieran dicho, pues tienes que hacer esto, esto y esto. Era como que cada una sabía el trabajo que teníamos que hacer”.

La música, elemento de cohesión en Adamuz, también sirvió como metáfora de aquella respuesta colectiva. José Carrión, director musical, así lo recuerda. “Ahí hubo alguien que hizo así, y todos entraron a la vez. Y hubo alguien que cortó, y todos cortaron a la vez. Y todos en su correcta armonía. Todos tocando su papel correctamente, si nos lo llevamos a un tema musical. Y sobre todo sin estudiar. Todo a primera vista, si lo hablamos musicalmente. Porque eso fue a primera vista. No tuvimos tiempo para estudiar esa partitura que se nos presentó en ese momento. Y lo más fuerte de todo fue que a dos amigos de Huelva me los encontré, que venían en el tren del Alvia. Y una chavala, además se me pone hasta el vello de punta, me dijo, “ahora sé que estoy viva. Ahora sé que estoy viva, cuando ya te estoy dando el abrazo”.

Adamuz, paradójicamente junto al AVE pero sin parada propia y con escasas conexiones de autobús, reclama mejoras como un nuevo centro de salud. Pero ahora, más que pedir, quiere ofrecer. Alfonso Serrano, concejal de cultura, lo dice así: “Tristemente nos hemos dado a conocer por una situación que nadie espera ni nadie quiere y ojalá no se vuelva a repetir. Pero bueno, que Adamuz acoge como ha sido acogedor a lo largo de la historia, cuando el Camino Real de la Plata. Seguimos acogiendo a los viajeros, a los turistas, a todas las personas que quieran venir a emprender también a Adamuz”.

Mientras las estaciones de Madrid, Sevilla o Córdoba han recuperado el trasiego habitual tras la reparación de las vías, en Adamuz la rutina no significa olvido. Gonzalo Sánchez volvió al lugar del accidente para rendir homenaje a los viajeros.  “Y después a Hugo, pues me vio su padre y se me echó a los brazos. “Eres el ángel de la guarda de mi hijo”. Digo, no, Francisco, soy uno más que estuvo allí. Dice, “no, no, no. Tú para mí eres el ángel de la guarda de mi hijo y lo vas a ser hasta siempre, para siempre”.

"Yo no podía esperarme a que Hugo viniera aquí, yo fui en busca de Hugo. Estuve hablando con su padre también. Digo, Francis, ¿te importa que en nombre de tu mujer, que en paz descanse (ellos perdieron a su madre en el accidente, la madre de Hugo, la mujer de Francis), te importa que yo le lleve un ramo de flores hasta el punto donde estaba el accidente? Y el hombre se echó a llorar. “No me importa. Dijo, ¿cuánto te tengo que pagar”. Digo, ¿a mí cómo me vas a pagar? Si esto lo voy a poner yo en nombre de tu mujer y de los demás fallecidos que hubo allí. No soy ningún héroe, ni Gonzalo es ningún héroe. El héroe es el pueblo entero de Adamuz, que es lo más grande que hay. El pueblo entero. Ni Gonzalo, ni Pedro, ni Juan, ni nadie. Adamuz, Adamuz y Adamuz”.

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