Es uno de los más grandes de Andalucía y sirve, además, para evitar inundaciones al regular el Genil.
Pero no ha evitado que se contamine el manantial de la Hoz y que 12.000 vecinos de Iznájar, Rute y 19 aldeas no puedan beber del grifo.
Las abundantes lluvias de las últimas semanas han dejado un balance con claroscuros en Andalucía. Como dato positivo, las reservas de agua de los pantanos continúan aumentando y ya rozan el 78% de su capacidad media. La mayoría de los embalses se encuentran al 100%, un escenario muy alejado de la imagen vivida hace apenas unos años, cuando la sequía golpeó con dureza al pantano de Iznájar, el más grande de Andalucía, dejando al descubierto antiguas aldeas y edificaciones sepultadas desde su construcción, en 1969.
Hoy, los vecinos de Iznájar observan el embalse con alivio. En tan solo 15 días, su nivel ha crecido más de un 30%, situándose actualmente en torno al 52% de su capacidad. “Una bendición para el pueblo”, ya que no solo garantiza el suministro de agua, sino que también reactiva el turismo en una zona donde el pantano, con más de 2.500 hectáreas y más de 100 kilómetros de orilla, es el principal reclamo. “Llevamos muchos años sin verlo tal y como está y ni mucho menos lleno”, aseguran vecinos que confían en que “no haya cortes de agua”.
El embalse de Iznájar ha jugado además un papel fundamental en la regulación del río Genil. Gracias a que no ha sido necesario desembalsar, municipios aguas abajo como Puente Genil, Écija o Palma del Río han evitado inundaciones de mayor gravedad. “Si esta infraestructura no hubiese existido, habría pueblos que lo habrían pasado bastante mal. Yo creo que estaríamos ahora hablando de una tragedia”, señala un vecino. Otro lo resume con rotundidad: “Si no está esto, Puente Genil lo arrasa”.
No obstante, Iznájar no es el embalse con mayor volumen de agua en la provincia, ya que el pantano de La Breña II lo supera con casi 570 hectómetros cúbicos.
Paradójicamente, la abundancia de agua ha traído también problemas. Cerca de 12.000 vecinos de Rute, Iznájar y sus 19 aldeas se han quedado sin agua potable debido a la contaminación del manantial de La Hoz, provocada por el arrastre de barros tras las intensas lluvias. El impacto ha sido inmediato: la venta de agua embotellada se ha disparado desde el pasado viernes. “Nos trajimos 400 litros y se vendieron todos”, explican desde un establecimiento. Vecinos reconocen que no utilizan el agua del grifo ni para cocinar ni para lavar platos: “Yo me llevo grandes blancas y le echo a la olla o a fregar, porque vaya que en el plato vaya también el microbio”.
Cuatro camiones cisterna abastecen actualmente a la población, una parte importante dispersa en las 19 aldeas del municipio. “La gente está ahora mismo un poco crítica”, reconocen los vecinos, que confían en que el servicio quede restablecido a lo largo de esta misma semana, siempre que la situación meteorológica lo permita.