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De orígenes prehistóricos, Alozaina es un pueblo de la provincia de Málaga que se extiende desde el valle del río Grande hacia la sierra Prieta, y enlaza con la Serranía de Ronda y el Valle del Guadalhorce. En la visita por este municipio descubrimos las huellas de todas las culturas que han poblado la Costa del Sol a lo largo de los milenios. Alozaina recibe al visitante como el balcón de la Sierra de las Nieves en un entorno donde el valle del Guadalhorce se encuentra con la montaña. Los extensos campos de olivos definen el paisaje y albergan la única aceituna de mesa con Denominación de Origen Protegida, la aloreña.
Muchos prefieren iniciar la ruta en bicicletas eléctricas para cruzar el Cerro Ardite y sentir el aire fresco de la comarca. Este rincón malagueño promete una mezcla de naturaleza y tradición que atrapa desde el primer momento. El camino lleva hacia el valle de Jorox, un auténtico vergel que oculta pozas de aguas turquesas y cascadas naturales. Los senderos flanqueados por frutales conducen a parajes habitados desde la prehistoria, donde todavía es posible escalar hasta cuevas milenarias.
La aventura continúa en rutas en vehículo todoterreno 4x4, por Sierra Prieta para contemplar las vistas panorámicas que alcanzan hasta la bahía de Málaga. Para reponer fuerzas, las ventas locales ofrecen, como muestra el reportaje, platos típicos en comedores situados dentro de cuevas naturales.
El casco histórico de Alozaina conserva la huella árabe en sus calles laberínticas y fachadas encaladas. En lo alto del pueblo, los restos de una antigua fortaleza cuentan la leyenda de María Sagredo, una mujer que salvó a la localidad con un ingenio sorprendente.
El Museo de la Aceituna guarda los secretos del aderezo artesanal y explica la curiosa característica de su hueso flotante. Quien pisa estas tierras descubre un patrimonio vivo que invita a escuchar las historias que guardan sus piedras y sus olivares.