Nuestro anfitrión, el jerezano Fernando Jiménez, nos explica las profundas similitudes culturales y lingüísticas que percibe entre los chilenos y los andaluces.Si quieres ver más noticias destacadas, visita la web de Andalucía X el mundo. Y en la plataforma de CanalSur Más tienes los programas completos. Puedes descargarte la App de CanalSur Más en: Play Store y Apple Store.
Fernando María Jiménez espera junto al Reloj de Flores de Viña del Mar, un símbolo de la ciudad que guarda una curiosa historia sobre su puntualidad y origen suizo. Este jerezano, que lleva tres años en la región, camina por la Avenida Perú mientras explica las profundas similitudes entre el carácter chileno y el andaluz, desde la rapidez al hablar hasta la forma de entender la vida en la calle.
El recorrido por el Castillo Wülff y la residencia presidencial de verano, revela un paisaje que recuerda inevitablemente a los paseos marítimos de la costa de Cádiz.
La visita continúa hacia el Palacio Quinta Vergara, un elegante recinto rodeado de jardines donde la herencia de los fundadores españoles sigue muy presente. Ahí se celebra el famoso festival internacional de la canción de Viña del Mar. El misterio del "monstruo", esa entidad colectiva que decide el destino de los artistas en el festival, planea sobre el anfiteatro mientras Fernando nos cuenta cómo se consiguen las codiciadas gaviotas de oro y plata.
El emigrante jerezano comparte su experiencia como emprendedor en un país que ofrece facilidades administrativas distintas a las de España, aunque confiesa que echa de menos costumbres tan propias como la siesta o los caracoles de Sevilla.
Para completar la estampa, su mujer María Isabel nos introduce en la gastronomía local, marcada por productos como las machas a la parmesana o el pescado albacora. La conversación desvela por qué, a pesar de la inmensa costa chilena, el consumo de pescado es menor de lo esperado.
Nuestro anfitrión se despide con el deseo de vivir a caballo entre dos continentes, uniendo el verano chileno con la Feria de Abril, dejando en el aire la pregunta de cómo se mantienen los afectos a más de diez mil kilómetros de distancia.