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Anabel Conde camina hoy por las calles de Fuengirola, en Málaga, con la discreción de quien guarda un tesoro en la garganta. La artista que casi gana Eurovisión en 1995 vive ahora una realidad distinta como maestra de música en un colegio público. Aunque su nombre resuena con fuerza cada vez que llega el festival, ella prefiere la cercanía de sus alumnos y la tranquilidad de su ciudad natal. Los padres de los niños conocen bien su historia y celebran que una voz de ese calibre comparta su día a día con el equipo docente. Es una vida alejada de los focos que ella asume con total naturalidad.
En la charla que mantiene con Toñi Moreno, la también eurovisiva Betty Missiego, y los comunicadores Sergio Morante y Pepe Da Rosa, la malagueña recuerda cómo aterriza en Dublín con apenas 19 años y una dosis necesaria de inconsciencia. Las apuestas la sitúan en el último puesto y su propia discográfica le advierte que lo más probable es quedar fatal sobre el escenario. Sin embargo, lo que ocurre en los ensayos cambia el rumbo de la competición y la convierte en el "caballo negro" del certamen. Anabel explica cómo esa presión inicial se transforma en una libertad absoluta para cantar solo para ella misma. El resultado es un segundo puesto que para ella sabe a victoria total.
La charla desvela detalles curiosos sobre los recuerdos que conserva de aquella experiencia histórica. Conde muestra un accesorio muy especial que utilizaba para resguardarse del frío y relata encuentros que la impactan profundamente, como el que tiene con la mítica Lola Flores. La nostalgia se mezcla con el humor cuando rememora anécdotas sobre su vestuario o los viajes que surgen tras el éxito de su interpretación. A petición de los presentes y sin calentar la voz, tenemos la oportunidad única de escuchar un fragmento de lo que cantó esta mujer que hizo soñar a todo un país.