Los restos de Amud 7 fueron descubiertos en 1992 en una cueva situada a unos 4 kilómetros del lado occidental del mar de Galilea, en Israel. Los fósiles estaban en conexión anatómica, algo poco frecuente en esqueletos infantiles por la fragilidad de los huesos y por los procesos de descomposición y alteración del suelo; por eso se considera uno de los neandertales infantiles mejor preservados de los que se dispone para estudiar crecimiento y desarrollo.