El avance, desarrollado por la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) y la Universidad de Tokio, queda recogido en un estudio publicado en el Journal of Building Engineering, donde se detalla el proceso y sus aplicaciones potenciales. El hallazgo parte de una paradoja bien conocida por el sector: mientras la industria extrae arena de ríos, canteras y fondos marinos con un elevado impacto ambiental, los desiertos concentran millones de kilómetros cuadrados de arena considerada inútil. Este tipo de arena, demasiado fina, nunca ha sido válida para el hormigón convencional, pese a su abundancia y fácil acceso en regiones áridas.