El trabajo fue desarrollado por investigadores de la University of Texas at Austin y de la Texas A&M University. Su objetivo consistía en comprobar si el regolito lunar, el polvo mineral que cubre la superficie del satélite, puede convertirse en un medio apto para el cultivo de plantas y contribuir a la autosuficiencia de futuras bases lunares. A diferencia del suelo terrestre, el regolito lunar es un material hostil para la vida vegetal. Se trata de un polvo abrasivo que carece de materia orgánica y microorganismos esenciales para la fertilidad del suelo. Además, contiene metales pesados que pueden perjudicar el crecimiento de las plantas o incluso contaminar los cultivos.