Los autores examinaron cuatro esqueletos excepcionalmente conservados de Tyrannosaurus rex y modelizaron distintos patrones de apoyo plantar. Después, compararon esos resultados con animales actuales como humanos, avestruces y otras aves, con el fin de identificar similitudes funcionales en la locomoción. El trabajo también incorporó el estudio de icnitas, es decir, huellas fósiles atribuidas al gran terópodo, dentro del campo de la icnología. Esta aproximación combinada permitió estimar no solo la velocidad potencial del depredador, sino también la mecánica concreta de su desplazamiento.