En cierta ocasión, Röntgen recibió una carta en la cual el remitente le pedía varios rayos X e instrucciones para su uso. En ella mencionaba que llevaba en su pecho una bala de revólver que no le había sido extraída, pero que no tenía tiempo para visitar a Röntgen. El científico, famoso por su ingenio, le respondió: "Por desgracia, en este momento no dispongo de rayos X. Además, su transporte es bastante complicado. Seamos prácticos: envíeme su pecho.