Gente de Andalucía ha abordado la tragedia de Adamuz desde el punto de vista de la solidaridad y también médico, para analizar los efectos que imágenes tan duras han podido dejar en los voluntarios y profesionales que participaron en el rescate de personas y su atención tras el accidente.
Uno de los rostros de la solidaridad lo ha encarnado Rafael Prados Godoy, que se encontraba en su domicilio tras la misa vespertina cuando recibió la noticia del descarrilamiento por parte del dueño de un bar que le traía la cena. En apenas diez minutos, el sacerdote y los vecinos se movilizaron para abrir la iglesia y organizar la ayuda, aunque pronto se trasladaron a la caseta municipal, donde se estableció el hospital de campaña y el centro logístico para atender a los pasajeros que llegaban desconcertados.
Ante la emergencia, el párroco tomó la decisión de vaciar el almacén de Cáritas para proveer de suministros básicos a los afectados. Según explicó el sacerdote, cargaron dos coches con todo lo que podía ser útil de forma inmediata: "Teníamos la urgencia de tal manera metida en el cuerpo que no nos paramos a revisar tanto si sí o si no", declaró, detallando que llevaron desde alimentos hasta pañales y potitos para los niños. El objetivo principal de los voluntarios fue acompañar a los accidentados, ofreciéndoles comida, bebida y el calor de las estufas para que se sintieran "como en casa" en medio de la confusión.
En medio del dolor, el Padre Godoy compartió una profunda reflexión sobre la fe y la presencia de Dios en la tragedia. Destacó que la ayuda brindada por el pueblo es otra forma de manifestación divina, señalando que los heridos ven a Dios "en las manos de aquellos que les atendemos".
El pueblo de Adamuz se prepara para la misa funeral por todas las almas de los fallecidos, la cual se celebrará en la caseta municipal debido a que la parroquia resulta pequeña para la cantidad de asistentes esperada. Voluntarios y miembros de la parroquia trabajan intensamente limpiando y organizando cientos de sillas para la ceremonia, que contará con la presencia del obispo y otros sacerdotes.
Por su parte, el psicólogo Juan Miguel Sánchez, del Hospital HM Málaga, subraya que para procesar un trauma es fundamental permitirse conectar con el dolor, aunque este resulte "insufrible", alternándolo con pequeños momentos de desconexión y alivio.
No obstante, el experto hace una advertencia crucial sobre el papel de los familiares: "Forzar lo espontáneo es incrementar el bloqueo", por lo que no se debe presionar a las víctimas para que busquen terapia de inmediato si no están listas. Sánchez insiste en que cada persona tiene su propio ritmo de procesamiento y que el entorno debe priorizar la escucha activa, ya que obligar a alguien a acudir a consulta puede tener un efecto negativo y hacer que la persona se sienta incomprendida.
Para superar el miedo a viajar tras un siniestro ferroviario, el especialista sugiere emplear la técnica de "aproximaciones sucesivas", que consiste en empezar con trayectos cortos y acompañados, como un tren de cercanías, antes de retomar viajes de mayor complejidad.
Sánchez destaca que el autodiálogo y las autoafirmaciones son herramientas clave para recuperar la seguridad, recomendando a los afectados decirse a sí mismos frases como: "Esto ha ocurrido una vez, no me va a volver a ocurrir".
Finalmente, recalca que, aunque el apoyo institucional y la información estadística son útiles, el tiempo suele ser "la mejor medicina" para sanar las secuelas emocionales.