En "Buenos días gente de Andalucía" hemos hablado con alumnos y profesores de FP empeñados en buscar una solución que mejore la calidad de vida de estas pacientes.
La innovación y la formación profesional vuelven a demostrar su potencial con un proyecto pionero desarrollado en el IES Fernando III, en Martos. Un equipo de docentes y estudiantes ha creado un prototipo de prótesis mamaria personalizada para mujeres mastectomizadas que, además, incorpora un sistema capaz de detectar posibles recaídas. Conocemos más detalles en "Buenos días gente de Andalucía".
La iniciativa, coordinada por la profesora Fuenzanta Aquero, surge en el marco de un reto planteado en los Premios Transferencia del Conocimiento de FP Empresa, con el objetivo de dar respuesta a un problema real que afecta a millones de mujeres: el impacto físico y psicológico tras una mastectomía.
“El punto de partida fue pensar en una solución que mejorara la calidad de vida de estas pacientes”, explica Aquero. Frente a las prótesis estandarizadas actuales, el equipo apostó por diseñar una pieza única para cada mujer, adaptada a la forma original de su pecho antes de la intervención.
El proyecto combina conocimientos técnicos de diseño y fabricación mecánica con herramientas de última generación. Según detalla el profesor Rubén Pulido Ramírez, los alumnos emplearon escáneres tridimensionales para captar la anatomía y posteriormente diseñaron moldes específicos que permiten fabricar la prótesis con silicona biocompatible.
Pero el avance más innovador va más allá de lo físico. El prototipo incluye un chip interno capaz de medir la temperatura del tejido, un indicador que podría alertar de posibles anomalías o recaídas. “La idea es que, mediante un dispositivo móvil, se pueda monitorizar la evolución y detectar cambios significativos”, explica el alumno Alejandro Viedma, uno de los participantes en el desarrollo.
Aunque el sistema aún se encuentra en fase de mejora, especialmente en lo relativo a la tecnología interna, el equipo ya vislumbra su potencial real. Lo que comenzó como un proyecto educativo podría convertirse en una solución aplicable en el ámbito sanitario.
Además del impacto en salud, la iniciativa pone en valor el papel de la formación profesional como motor de innovación. “Aplicar los conocimientos a problemas reales es lo que realmente motiva al alumnado”, subraya Aquero, quien defiende que este tipo de proyectos ayudan a cambiar la percepción social de la FP.
Los propios estudiantes coinciden en ello. “No esperábamos llegar a este punto”, reconoce Viedma, quien destaca tanto el aprendizaje técnico como la satisfacción de contribuir a una causa con impacto social. “Es algo que puede ayudar de verdad a muchas mujeres”, afirma.
El proyecto ha implicado a distintos departamentos del centro, desde áreas técnicas hasta biología y electrónica, evidenciando la importancia del trabajo multidisciplinar. Ahora, el reto es dar el siguiente paso: evolucionar del prototipo a un desarrollo funcional que pueda implementarse en la práctica clínica.
Una iniciativa que no solo refleja el talento emergente en las aulas andaluzas, sino también el potencial de la educación para transformar realidades y mejorar vidas.