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El silencio envuelve la finca de La Baltasara en Alhaurín el Grande, donde el legado de Antonio Gala permanece intacto. Este rincón malagueño funciona hoy como una casa museo que recibe a cientos de visitantes atraídos por la esencia de quien es uno de los grandes de la literatura española. El historiador y técnico de cultura Pablo Rueda, nos guía un recorrido con el reportero Rafael Gómez, por las estancias que el escritor consideró su jardín secreto y refugio personal desde finales de los años ochenta. La atmósfera del lugar invita a descubrir por qué este espacio conserva una energía tan particular para quienes lo recorren.
En el interior de la vivienda la austeridad sorprende a quienes esperan lujos propios de una figura de tal relevancia. Los muros están cubiertos de obras de arte y la biblioteca del piso superior custodia primeras ediciones con anotaciones manuscritas del autor. Entre los objetos personales destacan sus icónicos bastones, aunque los ejemplares que se encuentran aquí guardan un carácter rústico muy diferente a los de sus apariciones en Madrid. La casa se mantiene fiel a como Gala la deja antes de marchar a Córdoba.
El exterior tiene una extensión de 36.000 metros cuadrados donde conviven zonas de secano con huertos de regadío llenos de naranjos e higueras. El diseño del jardín sigue el modelo andalusí de setos y sirvió como escenario fundamental para la creación de obras maestras como La pasión turca. Existe un relato fascinante sobre cómo un sueño premonitorio trae al escritor hasta este pueblo blanco a los pies de la montaña. La curiosidad sobre el origen del nombre de la finca y los detalles de ese hallazgo onírico son algunos de los detalles que recoge el video.