En los arenales salinos de Sanlúcar de Barrameda, la cooperativa Llanos de Bonanza recolecta cada día miles de zanahorias que viajan del campo directamente a Europa. Una gran producción de una hortaliza humilde a la vez que excepcional por su sabor y frescura.
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Esta tarde conocemos los detalles de la recolección de la zanahoria. Nos hemos desplazado hasta la cooperativa Llanos de Bonanza, en Sanlúcar de Barrameda, donde el técnico agrícola Tomás de la Vega nos explica las claves de este cultivo.
La arena fina y el entorno salino característicos de la zona aportan un sabor único a las zanahorias sanluqueñas. Además de las tradicionales de color naranja, en los campos también crecen variedades amarillas, blancas y moradas, que poco a poco van abriéndose camino en los mercados.
Durante el proceso de selección se diferencian las zanahorias perfectas de aquellas que presentan defectos en su forma, aunque —como recuerda el técnico— "están igual de buenas, solo que se venden menos".
La recolección es diaria: del campo pasa directamente a la industria, donde se lavan, envasan, se conservan en cámara y se expiden. El stock, literalmente, está en el campo.
Sanlúcar exporta sus zanahorias a gran parte del norte de Europa. Los nutricionistas destacan sus propiedades antioxidantes y su alto contenido en vitamina A, calcio y potasio.
La cooperativa dedica 250 hectáreas al cultivo, con una producción anual de 15 millones de manojos de zanahorias.
En estas mismas fechas, están también de temporada cultivos como la remolacha, la cebolla, el puerro, el boniato o el pimiento, todos ellos cultivados igualmente en arena fina.
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