La carrera de Antonio Puerta comenzó de manera casi clandestina cuando su hermano Raúl, con solo 14 años, decidió llevarlo a realizar pruebas de fútbol a los ocho años sin el consentimiento inicial de sus padres.
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A pesar de que su padre procedía de la cantera del Betis, la influencia de su abuelo Antonio y la cercanía de su hogar al estadio fueron determinantes para que Antonio terminara vistiendo la camiseta del equipo de sus amores.
Como el menor de tres hermanos, Antonio era considerado el "niño mimado" de la familia, una figura carismática que en el colegio destacaba más por su habilidad para ganarse a profesores y alumnos en el recreo, que por su rendimiento académico.
Su personalidad alegre y su aura especial lo convirtieron en alguien que "se daba a querer" por todos los que lo rodeaban. Incluso después de alcanzar el éxito profesional, mantuvo su humildad y cercanía, siendo capaz de unirse espontáneamente a los juegos de sus amigos en la calle como un joven normal de 22 años.
Pero la historia de Antonio Puerta está marcada por la brevedad de su trayectoria, dejando la sensación de un futbolista que "no le dio tiempo a ser" la estrella de élite que su talento prometía. Su hermano Raúl destaca que, más allá de los títulos, su verdadero legado reside en su simpatía y el buen trato hacia sus compañeros, cualidades que lo hacían absorber a la gente por su manera de ser.
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