La calle Torrijos no es solo una vía más del casco histórico de Córdoba; es un enclave donde convergen siglos de civilización y cultura.
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A menudo confundida por su nombre con el dulce tradicional, la calle debe en realidad su denominación al militar liberal José María Torrijo Yuriarte, fusilado por su oposición al régimen de Fernando VII. Anteriormente, este espacio era conocido como la calle del Palacio Episcopal o la Plazoleta del Obispo, debido a su histórica vinculación con las sedes eclesiásticas tras la conquista cristiana.
Justo enfrente, la Mezquita-Catedral muestra su fachada occidental con siete puertas, destacando la Baba Albuzará o Puerta de los Visires, la más antigua del conjunto, mandada construir por Abderramán I entre los años 785 y 786.
Pero la vida en la calle Torrijos también se manifiesta a través del arte y la gastronomía. Artistas como Luis, con casi 60 años de trayectoria y exposiciones en Nueva York, consideran que esta calle es "el mejor estudio del mundo" por su valor inspirador y emblemático.
Este rincón cordobés, protegido bajo el sello de Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1972, sigue siendo un testimonio vivo de la "singularidad e historia" que define a la humanidad. Como señalan quienes trabajan allí, la calle Torrijos es un lugar que representa en cada piedra el verdadero espíritu de Córdoba.
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