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Abengoa decide su futuro

Este lunes el consejo de administración de Abengoa comunicará si la empresa puede seguir adelante o se declara en quiebra. 

El impacto de la COVID-19 se ha sumando a los problemas que arrastra desde hace años. Una apuesta fuerte, la de la compañía andaluza, que se ha mostrado muy arriesgada.

25 July 2020

Este lunes el consejo de administración de Abengoa decidirá si la empresa puede seguir adelante o se declara en quiebra. Una situación difícil pero que no le es ajena. Ya en 2016, logró esquivar el concurso de acreedores. Ahora, a los problemas acumulados se suma la crisis provocada por la COVID-19. Los Reporteros analiza la situación de la compañía.

A finales de marzo, al poco de estallar la crisis del coronavirus, Abengoa abrió un ERTE, un expediente de regulación temporal de empleo, para un tercio de sus empleados en España y un 15% de su plantilla en otros países. El impacto de la COVID-19 se ha sumando a los problemas que arrastra desde hace años. Una apuesta fuerte, la de la compañía andaluza, que se ha mostrado muy arriesgada.

Es un sentir compartido por muchos de los trabajadores que han ido quedando fuera del grupo Abengoa en el último lustro, cuando salieron a la luz los problemas del grupo.

Después de meses de incertidumbre, a finales de 2016, la empresa logró esquivar el que habría sido el mayor concurso de acreedores de la historia de España.

Abengoa S.A., la matriz sevillana de un grupo del que penden cientos de sociedades, la empresa andaluza más internacional, se había convertido en un gigante con los pies de barro.

Y el mayor símbolo, la PS10 de Sanlúcar la Mayor, la primera central térmica solar comercial instalada en el mundo.

Expansión acelerada, multiplicación de proyectos en otros países, altos costes de inversión, fuerte endeudamiento… pusieron al grupo al borde del colapso. Y una gestión interna cuestionada.

La empresa, que ha declinado participar en este reportaje, emprendió un plan de viabilidad. La nueva Abengoa, mucho más reducida, abandonó proyectos, negoció deudas y redujo plantillas.

Las dificultades, sin embargo, han persistido. Abengoa acabó 2019 con deudas muy superiores a su patrimonio neto, es decir, debiendo más de lo que vale, lo que la coloca al borde de la disolución.

Todavía con las cuentas del último ejercicio pendientes de cerrar, la mayor urgencia de Abengoa es obtener liquidez, entre 250 y 300 millones de euros, para pagar las nóminas de sus más de 14.000 empleados en todo el mundo, unos 2.500 en España.

Se apura la cuenta atrás para el enésimo plan de rescate que garantice la continuidad de la empresa. Un nuevo balón de oxígeno para que Abengoa siga siendo una apuesta de futuro.

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