A diferencia de la mayoría de los organismos no roedores que se usan en los laboratorios, la polilla de la cera puede criarse a 37 grados Celsius (la temperatura corporal humana), y la respuesta de sus células a infecciones bacterianas o fúngicas es muy similar a la de los mamíferos. Sin embargo, hasta ahora, su uso como organismo modelo se había visto limitado por falta de herramientas genéticas, hasta ahora.