Un amigo de Pupin, dueño de un establo, le dio dos caballos de tres años de edad. El científico los entrenaba con gran habilidad y se sentía satisfecho con ellos, al punto de ganar premios en distintas competiciones. En una ceremonia de entrega de premios en Wissahickon, uno de los jueces era Reginald Rivers, amigo de Pupin de sus días de estudiante. Sorprendido al ver a su colega en una exposición de caballos, exvlamó:
-Señor Pupin, si usted enseña a sus estudiantes como lo hace con sus caballos, ¡seguramente debe ser el mejor profesor de Estados Unidos!
-Lo sería -respondió el físico- si tuviera la oportunidad de trabajar únicamente con dos y no con doscientos estudiantes.