El entrenamiento de fuerza, especialmente cuando se combina con ejercicios que implican una carga de peso sobre los huesos, reduce el riesgo de osteoporosis y fortalece los huesos al frenar la pérdida de densidad ósea que aumenta la probabilidad de sufrir fracturas. También ayuda a conseguir un buen funcionamiento metabólico, que tiende a desacelerarse con el envejecimiento, lo que puede conllevar un aumento de peso, resistencia a la insulina y diabetes tipo 2. El ejercicio de fuerza también mejora la función cognitiva.