Jesús Vigorra da su particular punto de vista sobre los temas de actualidad en La mañana de Andalucía.
Una semana después de que estallara el escándalo que sitúa a Juan Carlos I en el epicentro de un caso de corrupción tras la publicación de una cuenta suya en Suiza con 100 millones de dólares, de los que un total de 65 habrían ido a parar a Corinna zu Sayn-Wittgenstein, su pareja durante años, la principal noticia sigue siendo que no hay ninguna noticia sobre este particular en los medios españoles de referencia. Saltó la noticia de los millones en Suiza, del cuantioso regalo y del anuncio de una querella de Corinna contra don Juan Carlos, y nada más se supo. La prensa miró para otro lado, y solo algún digital ha mantenido el hilo de la historia que, a pesar de la actitud silente de la corte, partidos y prensa española, estallará sin remedio, pues no se puede mantener el engaño durante tanto tiempo. Una vez más, serán los periodistas extranjeros los que preguntarán y aclararán este particular y a su rebufo nos iremos enterando aquí hasta que entren en tromba los programas del despellejamiento, que también entrarán, cuando se levante la veda, o la venda. Pronto se cumplirán ocho años del accidente del rey en Botswana, estando de cacería mientras que aquí, ese 13 de abril del 12 la Casa Real anunciaba que esa misma tarde acudiría al hospital a ver a su nieto Froilán. Ocho años ya y, después de las palabras de disculpa cuando salió de la operación de cadera, nada más se ha querido esclarecer de aquella aventura a espaldas del gobierno. Aventura que ha traído ahora este enmarronamiento con Villajero de por medio, altos cargos y un regalo de amor de 65 millones. El enamoramiento del rey emérito, que todos conocían, incluso los que alaban a doña Sofía, pues Corinna vivió años dentro del Pardo, no puede ser un tema tabú como todo lo concerniente a la Casa Real. La cuestión no es baladí, hay muchos millones de por medio (tres mil se dice que es la fortuna del emérito en el extranjero) una doble vida nada ejemplar y el aguardo de los separatistas y antisistema con el lazo preparado. Nada de esto beneficia a la monarquía del reino de España, y el silencio tampoco.