En "Gente de Andalucía" hemos conocido a Rocío Muñoz, quien lidera en la Universidad de Sevilla un equipo de investigación que ha comprobado que la oleaceína, presente en el aceite de oliva virgen extra, puede reducir la inflamación en células humanas de las articulaciones.
Investigadoras de la Universidad de Sevilla, lideradas por Rocío Muñoz, han identificado que la oleaceína, un compuesto natural presente en el aceite de oliva virgen extra, tiene la capacidad de reducir la inflamación en células humanas de las articulaciones. Este hallazgo se centra en la epigenética, un campo que estudia cómo factores externos influyen en la actividad de los genes sin alterar su secuencia básica.
Según ha explica Rocío Muñoz en "Gente de Andalucía", el objetivo de esta estrategia nutricional es "mejorar la calidad de vida en los pacientes de ya no solo de artritis reumatoide como de otras enfermedades autoinmunes" mediante el control de la expresión génica.
El estudio profundiza en cómo este compuesto influye en los mecanismos biológicos para que ciertos genes se activen o desactiven. La investigadora aclara que la epigenética permite que "la estructura de los genes se abre o se cierra, se expresan o no" en función de cambios en el ambiente o la nutrición.
Este avance refuerza el potencial del aceite de oliva no solo como un alimento básico, sino como una herramienta para modular la respuesta inflamatoria del organismo en patologías crónicas que, hasta ahora, no tienen un tratamiento curativo.
A pesar de los beneficios observados, Muñoz advierte que la oleaceína no debe verse como una cura única, sino como un soporte a la terapia farmacológica habitual. Debido a que este polifenol se encuentra en concentraciones muy bajas, la experta propone su uso como un "suplemento alimenticio", evitando así el consumo excesivo de grasas que supondría intentar obtener la misma dosis directamente del aceite. En este sentido, el enfoque del equipo de investigación es el "enriquecimiento de la dieta con un suplemento alimenticio tanto en los pacientes como en personas sanas" de forma preventiva.
Actualmente, el proyecto se encuentra en una fase inicial de estudios in vitro, realizados en células, y requiere superar diversas etapas antes de llegar a los pacientes. "Queda todavía mucho trabajo para llegar a dárselo a un paciente de artritis", admite la autora principal, señalando que los próximos pasos incluyen pruebas en animales y ensayos clínicos que dependerán de la financiación y las autorizaciones éticas.
La investigación, que cuenta con el apoyo de la Junta de Andalucía y fondos europeos, también se está extendiendo al estudio de otras enfermedades como el lupus.