Cada vez son más los puntos de Andalucía y las parroquias en los que se bendice a las mascotas, una tradición de siglos que en los últimos años se está extendiendo.
Jaén capital prepara sus tradicionales lumbres. También hemos estado en Cañada Morales y en Trigueros, que celebra su patrón, san Antonio Abad.
Este sábado, 17 de enero, se celebra la festividad de San Antón, patrón de los animales. Cada vez son más los puntos de Andalucía y las parroquias en los que se bendice a las mascotas. Se trata de una tradición de siglos, pero en los últimos años se está extendiendo más aún, dado el creciente interés de la población en el bienestar animal.
Así ocurre en ciudades y grandes municipios, y también en pequeñas poblaciones como Cañada Morales, en la provincia de Jaén, la aldea que esta pasada Navidad se hizo viral por el encendido de una única estrella.
Situada en pleno corazón del Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, ahora también se empeña en celebrar esta fiesta de enero con su propia lumbre, y sus escasos habitantes que no se rinden ante la despoblación de estos núcleos rurales.
Y en Jaén capital, todo está listo para que por la tarde, a partir de las 20:00 horas, se enciendan las lumbres de San Antón. Una fiesta tradicional que no se entiende sin el fuego, que quema lo viejo y lo malo, y renueva el año que acaba de comenzar.
Este año hay récord de lumbres, con 35 fogatas que iluminarán las plazas y calles de la ciudad, quemarán a los típicos 'peleles' y calentarán a vecinos y visitantes, que comerán las típicas 'rosetas jiennenses' y otras viandas propias de la estación invernal.
El municipio de Trigueros, en Huelva, también se prepara para unas de sus fiestas más singulares, la de su patrón, San Antonio Abad. La antesala se vivió este viernes por la noche con las Candelas del Santo, uno de sus ritos más destacados.
Fuegos alimentados a base de carrasca, lentisco y olivo inundan las calles del pueblo, todo un espectáculo de luz y color. Una noche festiva en la que sus vecinos se reúnen en torno a hogueras cuyas llamas llegan a superar hasta los dos metros de altura.
Unos fuegos que tradicionalmente se prendían para alejar las plagas y enfermedades del ganado y los animales domésticos y que los triguereños han preservado a lo largo del tiempo.