Al haberse practicado ya todas las testificales previstas para la jornada de este martes no se celebrará sesión de tarde, por lo que el juicio se reanudará el miércoles a las 10:00 horas, en una jornada en la que se prevé comiencen las pruebas periciales.
El juicio se celebra a puerta cerrada por lo que se puedan desconocen os detalles de los testimonios.
El único acusado del asesinato de la joven, Bernardo Montoya, declaró este lunes que era inocente y volvió a culpar a su expareja, que ya fue investigada y excluida de la causa.
Laura Luelmo fue asesinada en El Campillo, Huelva, en 2018
La segunda sesión del juicio contra Bernardo Montoya, único acusado por la agresión sexual y asesinato de la joven zamorana Laura Luelmo en diciembre de 2018 en la localidad de El Campillo (Huelva), ha concluido tras la declaración de dieciocho testigos.
Fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) han informado de diecisiete de los testigos comparecientes son agentes de la Guardia Civil que participaron en el dispositivo de búsqueda de la joven y cinco de ellos han prestado declaración por videoconferencia.
El hecho de que el juicio se esté celebrando a puerta cerrada impide que se puedan conocer los detalles de los testimonios ofrecidos por estas personas.
Al haberse practicado ya todas las testificales previstas para la jornada de martes no se celebrará sesión de tarde, por lo que el juicio se reanudará este miércoles a las 10:00 horas, en una jornada en la que se prevé comiencen las pruebas periciales.
La sesión de este martes comenzaba poco antes de las 10:30 horas, apenas 45 minutos después de que Bernardo Montoya llegara a la Audiencia Provincial de Huelva y, a preguntas de los periodistas, ha subrayado su inocencia.
Este lunes, durante su declaración, el acusado ratificó la última versión dada sobre estos hechos inculpando a una expareja suya de la muerta de la joven. Esta mujer pese a haber aparecido temporalmente en la causa, fue finalmente excluida.
Hoy se ha conocido el auto del magistrado presidente del juicio en el que motiva la decisión de celebrar la vista a puerta cerrada, justificando la misma en la necesidad de evitar "una victimización secundaria" de las víctimas tanto directa como indirectas.