La trashumancia en Granada es una tradición secular que, gracias a pastores de La Alpujarra, aún se mantiene viva. Después de pasar el invierno en el litoral, el ganado regresa a las zonas altas cuando la nieve ha iniciado su retirada.
La trashumancia en Granada es una tradición secular que, gracias a pastores de La Alpujarra, aún se mantiene viva. Los rebaños bajan en invierno a los pastos de litoral para volver en primavera a sus tierras de origen. La trashumancia mantiene vivas las cañadas reales, reguladas por edicto real de Alfonso X el Sabio en 1273.
Después de pasar un invierno bonancible en el litoral granadino y tras recorrer cerca de cien kilómetros, el rebaño del pastor Jorge Gallegos vuelve a pastar a los prados alpujarreños. Hablamos con él en plena Cañada Real Málaga-Sierra Nevada, a la altura de Órgiva.
La trashumancia no es solo una técnica productiva. Es un sistema cultural total que integra economía, ecología, organización social, derecho consuetudinario, cosmovisión y memoria colectiva. Su estudio permite entender cómo las sociedades humanas han logrado habitar zonas marginales durante milenios sin destruirlas, ofreciendo lecciones valiosas frente a la crisis climática actual, según Ángel Acuña, catedrático de Antropología Social de la Universidad de Granada (UGR).
Se trata además de un sistema territorial integrado que explica la articulación espacial de regiones muy distantes, la persistencia de los usos tradicionales del suelo frente a la agricultura intensiva y la creación de paisajes culturales de alto valor patrimonial.
Para José Luis Serrano, profesor de Geografía Humana de la UGR, es una forma de adaptación al medio sensible a los cambios ambientales de gran interés para los estudiosos.
Un año más, la trashumancia granadina cumple con su cita milenaria. El ganado, más de mil cabezas, vuelve de las zonas de invernada, próximas al Mediterráneo, a los agostaderos de La Alpujarra y Sierra Nevada cuando la nieve ha iniciado su retirada.