DÍA DE ANDALUCIA
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Aplausos y mucha emoción para dar las gracias al pueblo de Adamuz, Medalla de los Valores Humanos

En nombre de sus vecinos, el alcalde de la localidad cordobesa ha recogido la distinción de manos del presidente de la Junta, en reconocimiento del comportamiento ejemplar tras la tragedia ferroviaria que se cobró la vida de 46 personas. 

CANAL SUR MEDIA 28 febrero 2026

El pueblo cordobés de Adamuz ha sido protagonista de los momentos más conmovedores de la gala del 28F en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Una ceremonia institucional en la que se le ha entregado la Medalla de Andalucía de los Valores Humanos, la Solidaridad y la Concordia por su ejemplar comportamiento tras el accidente ferroviario que el pasado 18 enero se cobró la vida de 46 personas.

En representación de todos sus vecinos, el alcalde de la localidad, Rafael Moreno, ha recogido la medalla de manos del presidente de la Junta, Juanma Moreno.

La entrega ha estado acompañada por una larga ovación de todo el público del teatro que se ha puesto en pie para recibir a los  galardonados junto a trabajadores de los servicios de emergencias que  estuvieron sobre el terreno en las horas posteriores al accidente. 

El alcalde adamuceño mostraba antes de la gala su "orgullo" por la distinción que reconoce "el trabajo de los vecinos en unos momentos tan difíciles".

"Este tipo de actos ayudan a curar esta herida, porque es algo que se nos ha quedado ahí y lo recordamos siempre. Además, está muy reciente, es el único tema que tenemos entre los vecinos en el día a día, pero esto también ayuda muchísimo a sanar", ha dicho.

La medalla distingue a Adamuz, un municipio cordobés de poco más de 4.000 habitantes, como la mejor representación de la entrega y el espíritu solidario de Andalucía.

España se estremeció cuando el pasado 18 de enero un tren de Iryo que realizaba el trayecto entre Málaga y Madrid descarriló e invadió la vía contigua, provocando la colisión y el descarrilamiento de otro tren Alvia de Renfe.

Nada más tener noticia de la tragedia, los vecinos de esta localidad perteneciente a la comarca de Alto Guadalquivir se movilizaron de forma espontánea para auxiliar a las víctimas y socorrer a los supervivientes. Desde un primer momento, la población salió a la calle para ofrecer a los damnificados mantas, termos de café y comida caliente que los aliviaran en los primeros instantes de desconcierto. 

Otros vecinos, por su parte, se personaron en el lugar de la tragedia para atender a los heridos e incluso ponerlos en contacto con sus familiares en unas horas de gran incertidumbre. Casos como el del joven adamuceño Julio Rodríguez, que con solo 16 años supo del siniestro cuando regresaba de una jornada de pesca con su amigo José y su madre, Elisabet. Tras presenciar el estado de los trenes y observar el elevado número de heridos, Julio y José no dudaron en esos primeros instantes en rescatar a cuantas personas pudieron. 

Los jóvenes incluso realizaron a pie, en al menos seis ocasiones, el trayecto existente entre el lugar del accidente y el puesto de servicios sanitarios, al que no podían acceder vehículos. También ofrecieron su ropa y calzado a personas que los habían perdido durante el impacto, porque consideraron que los necesitaban más que ellos.

Con la llegada de los profesionales sanitarios, Julio, José y Elisabet intentaron animar a los heridos, ofrecerles una mano o un abrazo y concienciarlos de que, ante la magnitud de lo ocurrido, estar vivos era un milagro.

Otro caso reseñable es el de Gonzalo Sánchez, vendedor de cupones que, con su ‘quad’, estuvo durante seis horas transportando heridos, sanitarios y rescatadores. Su vehículo era, en los primeros momentos, el único que podía circular junto a las vías del tren y los dos convoyes accidentados. 

En él trasladó a miembros de los equipos de rescate, subió camillas y sentó a heridos, circulando siempre despacio para no empeorar sus lesiones.

Julio, José, Elisabet y Gonzalo son sólo algunos ejemplos del comportamiento ejemplar de un pueblo que ha sabido demostrar cómo la colaboración ciudadana y la entrega incondicional son un bálsamo ante el dolor ajeno. 

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