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La trashumancia, una tradición que sigue en pie de padres a hijos

En la Axarquía malagueña, cada año por estas fechas, Miguel Ángel recorre a pie vías pecuarias y caminos rurales, para trasladar a su rebaño monte arriba. Es un pastor transhumante, siguiendo los pasos de su padre. Conocemos a los do y a sus seis perros pastores.

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28 June 2020

Los cencerros que rompen el silencio en el valle del río Guaro, en la Axarquía malagueña. El rebaño de Miguel Ángel, uno de los pocos que todavía hace la trashumancia a pie, llega a su explotación de origen, situada en el pequeño pueblo de Alfarnate.

Son 350 ovejas de diferentes razas que, tras pasar el invierno en la costa, vuelven estos días a los prados de la Sierra de Enmedio, en busca de hierba fresca y mejores pastos. Un ejemplo de pastoreo que Miguel Ángel ha aprendido de José, su padre ya jubilado.

Lleva veinte años haciendo la trashumancia. Recorre 42 kilómetros en varias etapas atravesando fincas, montes, vías pecuarias y caminos rurales. Para controlar el rebaño se ayuda de un rama y seis perros, la mayoría Border Collie, el perro pastor ovejero por excelencia, nacido y criado para el manejo del ganado.

Un camino de ida y vuelta laborioso y en ocasiones duro que recorre con el apoyo logístico de un vehículo. Hay etapas duras y menos duras.

El pastoreo aporta grandes beneficios a la sociedad. Limpia el monte de matorral, produce carne de alto valor y protege el medio natural.

El coronavirus no ha parado su trabajo porque los animales tienen su ritmo y no entienden de confinamiento, aunque los efectos se han dejado sentir en las ventas y en los precios.

La trashumancia que cada año realizan Miguel Ángel y su rebaño concluye en un paisaje de ensueño con los Montes de Málaga como telón de fondo y con un mensaje rotundo. El valor y el sacrificio de un oficio ancestral necesario para la sociedad que se transmite de padres a hijos.

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