José Meneses Scott fue una de las principales voces flamencas contra el franquismo. Su muerte ha merecido un sinfín de pésames y tres días de luto oficial decretados por el Ayuntamiento de la Puebla de Cazalla, su pueblo. Nacido en dicha localidad sevillana en el año 1942, comenzó a aprender el oficio de zapatero, que era el de su padre, hasta que el flamenco se cruzó en su camino. Fue así como en reuniones de amigos y aficionados al flamenco lo descubriría el mismísimo Antonio Mairena, su mentor junto a su paisano Francisco Moreno Galván, pintor, poeta y autor de gran parte de las letras que Menese dejó registradas en su discografía y que interpretaba en sus recitales. Unas letras fuertemente contestatarias y críticas con la dictadura del general Franco, pero tan finas y bien elaboradas que el régimen nunca pudo censurarlas ni encausar a un joven cantaor que se traslada muy joven a Madrid.
En 1963, a poco de un año de su llegada a la capital, Menese entra a trabajar en el prestigioso tablao Zambra, auténtica universidad del cante, donde se encontrará con maestros de la talla de Perico el del Lunar, Juan Varea, Rafael Romero, Fernanda y Bernarda de Utrera, y los gaditanos Pericón, Manolo Vargas y La Perla. Y en 1965, mientras hacía el servicio militar, en un permiso, se presenta al Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba y obtiene el Premio de Honor Tomás El Nitri. Dos años más tarde, sería también premiado en el Festival de Cante Jondo de Mairena del Alcor, que había nacido unos años antes de la mano de Antonio Mairena. Precisamente, la 55ª edición de esta cita, que se celebra a principios del mes de septiembre y estará dedicada, desgraciadamente ya sin su presencia, al reconocimiento de su carrera artística. En su repertorio era frecuente que interpretase estilos poco frecuentes y en desuso, como las marianas, las bamberas, la serrana, el polo o la caña y los romances. Por no hablar de las tonás, soleares y seguiriyas, que interpretaba como pocos. De hecho fue el primer cantaor flamenco en pisar las tablas del Teatro Olympia de París.
Algunos de los cantaores que también se identificaron con ese mismo perfil acudieron a La Puebla para despedirle. Entre ellos, su paisano Diego Clavel, Calixto Sánchez, Carmen Linares, Rubito de Para o Raúl Montesinos, guitarristas como Ricardo Miño o su inseparable escudero, Antonio Carrión y bailaoras como Pepa Montes.
El más internacional de los moriscos fallecía de un infarto fulminante en su casa de campo, la misma en la que había encontrado sosiego y refugio en sus últimos años de vida. Sus paisanos acudieron a honrar sus restos mortales a la capilla ardiente instalada en el Museo de Arte Contemporáneo “José María Moreno Galván”, antes de ser incinerado y depositar sus cenizas en esa casa de campo que tanto disfrutaba. Descanse en Paz, Maestro.