El cuerpo utiliza distintas herramientas para regular su temperatura y enfrentarse a las inclemencias del tiempo, sobre todo, la deshidratación.
Los ojos son una de las zonas más sensibles del cuerpo. El descenso de las temperaturas sirve de estímulo a la producción lagrimal, que se vé incrementada si, además, sopla el viento. El aumento de la temperatura tiene la consecuencia contraria, se bloquea la producción de lágrimas. El frío intenso provoca deshidratación (también ocurre en las manos) y el cuerpo responde, en el caso, de los ojos, lagrimeando.