CONSTITUCIÓN DE 1812
CONSTITUCIÓN DE 1812

Un historiador revela la actuación decisiva de la Marina en las Cortes de Cádiz

El historiador Vicente Ruiz García ha revelado la actuación crucial de la Marina de Guerra española en las Cortes de Cádiz, para las cuales transportó a Cádiz a más de la mitad de los diputados, además de traer desde América los caudales que financiaron la Guerra de la Independencia.

Informativos CanalSur 16 March 2014

Cortes de Cádiz"Las naves de las Cortes (1808-1812). El último servicio de la Marina de la Ilustración" (Sílex) es el título con el que Ruiz García ha querido significar que sin el concurso de la Marina de Guerra no hubiera sido posible promulgar la Constitución de 1812.

Barcos que salieron idemnes de Trafalgar como el "San Justo" y el "San Leandro" participaron, según ha dicho Ruiz García, en "una de las aventuras más interesantes de la Historia de la Armada" al traer los últimos tesoros de América.

Según el historiador, "hasta ahora se consideraba que la Marina había tenido un papel secundario por no haberse enfrentado directamente con la Marina francesa", pero al traer los caudales de América su papel fue determinante para aguantar la guerra contra el francés, ya que con ese dinero se pagó al ejército español y la ayuda británica.

Solo el "San Justo" trajo ocho millones de reales, y "nunca en el periodo colonial, ni en el siglo XVI, se transportó tanto dinero de América como entre los años 1808-14, una misión que estas "viejas reliquias de la Marina de la Ilustración" efectuaron brillantemente, pertechadas con lo justo y a veces con la mitad de la tripulación.

Las tripulaciones se vieron diezmadas por la guerra y por la fiebre amarilla que azotó la costa andaluza, y además de esa falta de personal los barcos españoles cruzaban el océano con la amenaza de los corsarios francesas y de la Marina Imperial francesa.

En el capítulo titulado "Trafalgar no fue el final", Ruiz García cuenta cómo España se apoderó de los seis barcos franceses que, tras el desastre de Trafalgar, en el que los españoles perdieron diez de sus quince buques de guerra, permanecían fondeados en Cádiz, bloqueados por la escuadra inglesa.

Con la invasión napoleónica, los franceses que habían sido aliados se convirtieron de la noche a la mañana en enemigos, lo que en Cádiz desencadenó la Batalla de la Poza de Santa Isabel, en la que las baterías de costa y las unidades de la Armada española se apoderaron de los seis barcos franceses.

A esos seis barcos se les cambió el nombre y el pabellón y se los integró en la Marina española, pero el problema fueron los tres mil franceses apresados que, unidos a los casi 18.000 presos franceses de Bailén, obligaron a convertir otros barcos de guerra en prisiones flotantes o pontones, una vez repletas las cárceles de la ciudad.

Los pontones, abarrotados de presos -hasta un millar en cada barco-, crearon un problema de salubridad en Cádiz hasta que los presos fueron enviados a la isla de Cabrera, hasta el punto de que los gaditanos dejaron de comer pescado convencidos de que se alimentaba de los cadáveres que se tiraban por la borda.

Ruiz García ha destacado el arrojo y la entrega de los diputados que intervinieron en las Cortes de Cádiz, muchos de los cuales arriesgaron su vida en el largo viaje que hubieron de afrontar, algunos cruzando el Cabo de Hornos, con olas de cincuenta metros, efectuando un esfuerzo sobrehumano que, al avistar Cádiz, había de concluir con una cuarentena, por el miedo a la fiebre amarilla.

El historiador ha puesto como ejemplo al diputado de las Islas Filipinas, que hubo de cruzar el Pacífico hasta México, cruzar México para volver a embarcarse en Veracruz y atravesar el Atlántico, todo eso a sus 70 años y acompañado por su familia, o a Jovellanos, también trasladado a Cádiz por barco.

"Ahora que está tan denostada la clase política, está bien saber que hubo políticos que arriesgaron su vida" por el ideal de la nueva Constitución, ha señalado al recordar al primer diputado americano que llegó a Cádiz, Ramón Power, de Puerto Rico, alférez de fragata, que falleció de fiebre amarilla.

"La Marina Ilustrada tuvo el mismo destino que la Constitución de Cádiz", ha concluido Ruiz García, ya que Fernando VII desatendió por completo a "las naves de las Cortes".

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