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Primer año de Trump: 365 días de sobresaltos políticos, económicos y de intervenciones

CANAL SUR MEDIA 20 enero 2026

Se cumple un año de la toma de posesión de Donald Trump, un aniversario marcado por su última ofensiva política y diplomática sobre Groenlandia. Se trata, además, de un aniversario sin actos oficiales, algo llamativo si se tiene en cuenta la personalidad narcisista del presidente y su conocida ansiedad mediática.

Aun así, el balance de este primer año de mandato es inevitable. Un año en el que el inquilino de la Casa Blanca ha roto alianzas que parecían sólidas, ha ordenado bombardeos en el exterior, ha participado en la captura y detención del presidente de otro país y se ha acercado sin disimulo al autoritario Vladímir Putin, en plena guerra en Europa.

Hacer balance implica mirar dentro y fuera de Estados Unidos. En el plano interno, hay dos cuestiones centrales: las deportaciones masivas y la violencia derivada del clima de miedo entre una población que sale a la calle con pasaportes y visados por temor a ser detenida. A ello se suma el constante aumento del coste de la vida, con una inflación que sigue fuera de control.

En el exterior, la tensión es máxima. A partir de este miércoles se evidenciará en la cumbre de Davos, donde Trump volverá a reclamar Groenlandia, en lo que promete ser un momento especialmente delicado para unas relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea cada vez más deterioradas. Este y otros asuntos marcan la crónica que hoy contamos desde Washington.

Hiperactivo, extravagante, caprichoso y autoritario. Son algunos de los calificativos que se repiten al describir a Donald Trump, considerado ya por muchos analistas como el presidente más disruptivo e impredecible de la historia estadounidense. 

En política interior, Trump prometió deportaciones masivas como fórmula para reforzar la seguridad, y está cumpliendo esa promesa. El problema es el cómo. La militarización de numerosas ciudades ha generado episodios de extrema violencia. En Minneapolis, en el estado de Minnesota, una mujer murió tras recibir disparos de un agente de inmigración sin que mediara motivo aparente, un suceso que desató disturbios graves tanto en esa ciudad como en otras del país.

Su administración también ha puesto en marcha un amplio programa de recortes y despidos de miles de funcionarios públicos, medidas que han afectado directamente a derechos civiles. La minoría trans ha sido señalada de forma reiterada, y la libertad de prensa —un pilar sagrado en Estados Unidos— ha sufrido ataques sin precedentes. Además, Trump ha reforzado el poder de los grandes magnates tecnológicos, los llamados “tecno-oligarcas”, propietarios de empresas como Meta, Google o Amazon. Empresarios que controlan el nuevo recurso económico del siglo XXI, los datos, y que están impulsando, de la mano de la Casa Blanca, una agenda que mezcla intereses privados y servicios públicos.

En política exterior, el presidente que ganó las elecciones con el lema "America first" ha desplegado una estrategia internacional que está desmantelando la arquitectura política y económica global diseñada por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Trump ha resucitado de forma abrupta la doctrina Monroe, concebida en el siglo XIX para frenar la expansión colonial europea en América, pero ahora rebautizada irónicamente como “Donroe”, con D de Donald, para justificar la recuperación de América Latina como patio trasero de Washington.

Venezuela es el ejemplo más claro: tras la captura y detención de Nicolás Maduro hace apenas dos semanas, el país se ha convertido de facto en un protectorado estadounidense. Trump también prometió acabar con la guerra de Ucrania en 24 horas. No solo no lo ha logrado, sino que ha devuelto a Putin al centro del tablero internacional, reuniéndose con él en Alaska al mismo tiempo que humillaba al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en el Despacho Oval.

En Oriente Medio, el acuerdo de paz para Gaza sigue sin materializarse, y en el ámbito económico su guerra arancelaria global se ha ido moderando tras las amenazas de China de bloquear el comercio de tierras raras. Por último, su gran promesa de campaña —reducir el coste de la vida, controlar la inflación y abaratar los alimentos— sigue sin cumplirse.

Para algunos analistas, este cúmulo de fracasos, unido a sus vínculos con el depredador sexual Jeffrey Epstein, podría explicar ese estilo de gobierno errático e impredecible, entendido como una cortina de humo permanente.

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