El francés, pese a su lesión, estará en la cuarta final entre Real Madrid y Barcelona de la Supercopa, cuyo campeón luego lo es de la liga.
Una final clásica. La del domingo será la cuarta consecutiva que disputan Barcelona y Real Madrid, y curiosamente, en los tres casos anteriores, el ganador de la Supercopa ha sido, meses después, el campeón de liga.
El efecto es evidente. Y en este caso, puede ser el punto de inflexión para la temporada del Real Madrid o puede ser que el Barça le dé la puntilla al inestable Xabi Alonso.
Arabia tendrá su cuarto clásico consecutivo en la final de la Supercopa, un trofeo preparado para que Madrid y Barsa se enfrenten en la final como volverá a pasar el domingo.
El Madrid se metió en la final con el merito de eliminar a un rival difícil como el Atlético de Madrid que últimamente le tenía tomada la medida, pero eso sí, dejando las mismas dudas de siempre, y el bochornoso espectáculo ya habitual de Vinicius, esta vez con Simeone, otro que no le va a la zaga.
El Cholo le dijo que Florentino le iba a vender después de que el brasileño al parecer se burlase del banquillo atlético por un supuesto penalti.
Pero el protagonismo, muy a pesar de Vinicius hace tiempo que dejó de ser suyo, salvo por sus polémicas, malos gestos y falta de compañerismo. Ya ni se recuerda cuándo fue la última vez que marcó. Ese lujo es para una verdadera estrella, un verdadero Balón de Oro, Mbappé, al que Xabi rescata como salvador a pesar de sus contratiempos físicos. Ya lo ha dicho el propio Flick: "Mbappé es el mejor delantero del mundo". Punto.
Y le va a hacer falta al Madrid aunque esté a medio gas porque el Barcelona es el rey de la competición con 15 títulos, dos más que el Real Madrid, en lo que será un partido seguro de goles pues en las tres ultimas finales se han marcado 16 tantos entre los dos equipos.